Apuntes a tenor de la manifestación en Sevilla de PCE-IU

Publicado: marzo 1, 2011 en Noticias estudiantiles, Noticias obreras, Programática

El sábado 26 de febrero tuvo lugar una manifestación en las calles de Sevilla promovida por el Partido Comunista de Andalucía (PCA) e Izquierda Unida como forma de repulsa a la política económica y social llevada adelante por el Ejecutivo Zapatero y en petición de un cambio de modelo económico en el que se garantice el empleo, la nacionalización de la banca, contra el acuerdo de la reforma de las pensiones, contra el copago sanitario, en defensa de los salarios y en favor de la autodeterminación de Andalucía. Bajo un sol de justicia, miles de personas se dieron cita para protagonizar un nuevo desfile militar que a nada condujo pero del que importantes lecciones podemos extraer. El Colectivo Revolucionario Espartaquista Estudiantil estuvo presente en la convocatoria movido por esta última voluntad, pretendiendo entrar en contacto con ciertos sectores de la clase trabajadora aunque sin hacer nuestras ningunas de las reivindicaciones que espolearon la protesta.

A las 12 en punto, tal y como se había iniciado, la marcha dio su inicio. De todos los territorios de Andalucía habían llegado autobuses cuyos viajeros concurrieron en el centro de la ciudad hispalense. En lo que llevamos de crisis, el Partido Comunista se había abstenido notablemente de convocar manifestaciones a escala nacional o autonómica, por lo que era previsible que ésta fuera una manifestación multitudinaria. Pero no lo fue. El estiaje importante de personas participando, incluyendo la militancia de IU, las juventudes comunistas y demás, plantea una única lectura: el PCE, antaño abanderado de la lucha obrera, “vanguardia”, ha ido deteriorándose, y con ello, la proyectada sombra en la que recogía varias generaciones de obreros y jóvenes engañados y estafados por la aureola reformista de la que supo dotarse cuando tuvo oportunidad el estalinismo. Este proceso viene dándose desde los años noventa, con el reflujo de la combatividad obrera a escala internacional luego de años de intensas luchas y la caída del Muro de Berlín coreada por la burguesía y, particularmente, el anarquismo como el fracaso del “marxismo” y del “comunismo”. Los viejos partidos con base y presencia obrera han ido perdiendo militancia hasta quedar exiguos, caso de IU y el PCE, incapaces de alimentar en años de contrarrevolución esperanzas e ilusiones que a nada conducían. Actualmente, momento en el que la situación ubica a todas las fuerzas de izquierdas e “izquierdistas” en una posición incómoda en el desfase entre el repunte de la lucha obrera a escala internacional y el sabotaje que estos grupos llevan adelante de las distintas luchas que surgen y proliferan en el terreno fértil de la recuperación por parte del proletariado (siempre difícil aunque constante) de su consciencia de clase, que irá siendo más y más descarado conforme ésta se desenvuelva; el discurso pro-reformas al sistema capitalista tampoco logra calar ya salvo en ciertos sectores de la clase media y la pequeña burguesía, que lo mismo ponen oído a la ultraderecha que a la extrema izquierda del capital. Si organizaciones que antaño contaban con millones de militantes apenas logran reunir unos miles en fechas tan señaladas como el 27 de febrero en Andalucía, debemos concluir que importantes sectores de la clase trabajadora no se alinean a uno u otro bando de la burguesía, buscan su camino autónomo como clase.

Para evitar desafueros en este análisis, hemos de considerar también que la manifestación del 26-F fue un acontecimiento contigente, y que sólo de manera somera pone luz sobre lo que en el seno de la clase trabajadora está acaeciendo. Existe desencanto pero también mucho miedo y confusión. El desencanto con las formas políticas y sindicales tradicionales es un avance importante, pero al estar coaligado hasta cierto punto con el otro aspecto, debemos ser cautos y precavidos. Son pequeños grupos, pequeñas minorías de trabajadores los que buscan y buscan una salida proletaria a la realidad social a la que nos aherroja el capitalismo. Los casos son crasos y perentorios al respecto. Las luchas masivas aún no se han desbocado y la calle no ha sido ganada por los trabajadores. Son las fuerzas “izquierdistas” las que así lo pretenden para extender y hegemonizar la idea de que ellas son portadoras de la salvación de la humanidad en sus propuestas de acción interclasistas, saboteadoras y contrarrevolucionarias. Un buen ejemplo de este caso sería la manifestación del PCA y de IU, quienes ahora se echan las manos a la cabeza porque Zapatero aplica sistemáticamente las medidas de las que el capitalismo necesita actualmente para salvarse del atolladero en el que sus propias contradicciones internas le han metido.

Hay que señalar, no obstante, que la desidia y el desencanto reinaban en el ambiente. Ni el speaker de las UCJE ni los cánticos que aparecían aquí y allá lograban incorporar a un público que estaba frío, casi inerme. No parecía haber mucha convicción entre una gran mayoría de las personas que allí estaban, en general trabajadores de mediana edad, jubilados o pre-jubilados a vueltas más que probablemente de todos los desfiles militares, de todos los discursos, de todos los actos políticos en balde, etc. Antes de empezar, se constataba que aquello no conducía a ningún lugar y sólo las intervenciones siempre prosaicas de Cayo Lara (Coordinador General de la “refundada” IU), Anguita (PCE) y Centella (Secretario General del PCE) al final de la manifestación lograron confundir a los manifestantes y redoblar su compromiso con organizaciones que están a años luz de identificarse con sus reivindicaciones en tanto que clase trabajadora. Esto tiene una doble lectura igualmente: si el desencanto cunde conforme la crisis se recrudezca el ataque ideológico de estas organizaciones y otras como éstas se incrementará igualmente, pero las minorías revolucionarias podremos estar presentes para tratar de liberar a la clase trabajadora del cepo de los burgueses de toda calaña. Por contra, si los trabajadores ahondan en su desencanto y ello no les lleva salvo a la delación, al ostracismo y a la pasividad; tendremos el combate perdido antes de empezar a pugnarlo.

Con ello queremos decir, simplemente, que en un momento en el que la perspectiva de luchas masivas se ha abierto ante nuestros ojos, las minorías revolucionarias comunistas debemos dar un paso al frente y tratar de entroncar con los elementos más avanzados de nuestra clase, luchando sobre terreno contra la burguesía y todas las fuerzas del sistema capitalista (sindicatos, partidos, etc.) aportando en este combate toda la experiencia histórica adquirida por el propio desarrollo de la clase trabajadora como sujeto histórico y nuestro propio bagaje teórico-práctico. El debate, la confrontación abierta y dinámica de ideas, la participación en las luchas obreras, el trabajo en el seno mismo de la clase, etc.; todas esas son las tareas que actualmente los revolucionarios debemos de asumir como propias una vez la declaración de guerra al proletariado y las espadas no tardarán en estar por todo lo alto. De no asumirlas o abandonarlas sin más, estaremos cometiendo una de las grandes traiciones sufridas por nuestra clase y engrosaremos el listado de todas aquellas experiencias históricas en las que la lucha por la emancipación de nuestra clase fueron ahogadas en sangre y de las que tantas lecciones hemos sacado y tenemos todavía que sacar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s