Acerca de las huegas de AENA

Publicado: marzo 10, 2011 en Noticias estudiantiles, Noticias obreras

Ayer saltaba de nuevo la noticia: los sindicatos Unión Sindical Obrera, Comisiones Obreras y UGT convocaban 22 días de huelga en los distintos servicios de la empresa aeroportuaria AENA en protesta por la privatización parcial de la misma. Más del 70% de la plantilla de los aeropuertos de toda España está llamada por el Comité de Empresa a secundar las distintas huelgas convocadas, que van desde la Semana Santa hasta el verano, recorriendo los días claves de las distintas idas y venidas de las jornadas vacacionales. Con ello, los sindicatos se las prometen muy felices teniendo que obligar al gobierno a sentarse con ellos a negociar, entre otras cosas, el traspase de plantilla hacia otras empresas públicas sin pérdida de la titularidad gubernamental o autonómica de los trabajadores. Más allá de lo que pueda parecer, quienes no se las prometen nada felices en este conflicto son los trabajadores mismos de AENA, que sentirán en sus propias carnes lo que es tener al enemigo jugando en casa.

En principio, como se ha dicho, las huelgas iban a tener lugar en los días “calientes” de las jornadas vacacionales que se aproximan, desde Semana Santa hasta inicios de la segunda operación salida del verano (15 de agosto). Pero todo depende, en última instancia, de cómo hoy se desarrollen las negociaciones entre la empresa AENA, que no está dispuesta a permitir una nueva huelga similar a la que tuvo lugar el 3 de diciembre, y los sindicatos, que tampoco quieren hacer huelga de garantizarse el programa de mínimos que han puesto sobre la mesa. También entrará en concurso el gobierno, que ya ha declarado en palabras de José Blanco que “no habrá huelga”, aunque para ello tenga que movilizar nuevamente al Ejército para evitar males mayores.

Es fácilmente constatable que, si los sindicatos se han desentendido de su propia convocatoria de huelga, algo está fallando, algo no cuadra. De la propuesta presentada en la Dirección General del Trabajo por USO; CCOO y UGT hay varios elementos que no debemos dejar pasar:

  1. En primer lugar, la presentación misma por los cauces legales de una convocatoria de huelga supone asumir los servicios mínimos que desde la instancia correspondiente se determinen. Sabiendo esto de sobra los sindicatos, han convocado huelgas los días de más afluencia de tráfico a las terminales aeroportuarias, obligando a los trabajadores con ello a participar de unos servicios que descafeinarían la huelga. La alternativa que se presenta, el plantón, colocaría a los trabajadores en el punto de mira de la sociedad española y muy especialmente del resto de trabajadores debido a su condición de “funcionarios privilegiados”; dejando el terreno libre al gobierno y los sindicatos para que sigan orquestando nuevos ataques a los trabajadores sin que estos puedan responder, atenazados por el miedo y la indefensión. También hay que contar, por supuesto, con la posibilidad de que el envalentonado gobierno pueda volver a declarar el Estado de Alarma y movilizar a los efectivos militares en los aeropuertos.
  2. La convocatoria de huelga impulsada por USO, CCOO y UGT,en fin,  no quiere ser huelga. Los días de la misma han sido estratégicamente seleccionados para colocar a los trabajadores en la piqueta (como acabamos de ver) y forzar al gobierno y a la empresa a sentarse a negociar para evitar un descrédito aún mayor del que ya tiene y no caer en perjuicios mayores. Podría decirse que la huelga ha sido convocada por el gobierno mismo. Es perentorio, por tanto, que la intención no es la de hacer huelga. Aparte, los sindicatos son los primeros que se interesan por el impacto que la misma podría tener en una economía que están llamados a proteger con uñas y dientes. La pantomima no puede ser más preclara y sin embargo, como ahora veremos, el objetivo ya ha sido logrado.
  3. Los “sindicatos de clase” han implementado un sesgo corporativista al llamamiento a la huelga en tanto que han dejado bien a las claras que los trabajadores llamados a secundar el paro cobran “entre 1.200 y 3.000 euros y no 300.000”; en alusión directa al conflicto de los controladores aéreos cuyo recuerdo sigue estando tan presente que los sindicatos agitan su maltrecho fantasma para forzar las negociaciones al tiempo que dividen y atomizan aún más la fuerza de la clase trabajadora.

Otro aspecto importante, que merece un tratamiento aparte, tiene que ver con la polarización de las distintas corrientes de opinión que se ha producido a raíz de que saltara la noticia. El discurso mayoritario hace alusión al turismo, al carácter fijo de los puestos de los trabajadores de AENA, a la parcialidad de la privatización, etc. Ése no nos interesa porque tiende a repetirse en todos los casos hasta la arcada. Más notorio nos parece, sin embargo, destacar el efecto “rebote” que las posiciones hegemonizadas a través del discurso político tendrán sobre los grupos de izquierda e izquierdistas, los trabajadores más politizados, los jóvenes más radicalizados, etc. Frente al discurso de ataque a los sindicatos y a la convocatoria de huelga, reaccionarán con un discurso diametralmente opuesto que raye la superficie del conflicto, legitime la posición de los sindicatos y no entre a valorar el trasfondo de la convocatoria. Ésa es la genialidad de los sindicatos: luego de la firma del pacto social, el desprestigio y el desapego se torna defensa aun cuando sea implícita ante el aparente giro radical que una de sus ramas ha tomado. En uno y otro caso, el engaño a la clase trabajadora es más que evidente: frente a la criminalización de su lucha, los sindicatos aparecen simultáneamente como víctimas y líderes del combate de los obreros. Ello no es sorprendente, el conflicto que se está dando en el sector público de Wisconsin responde a este mismo esquema. La defensa de los sindicatos lleva a los trabajadores a la derrota.

En este contexto, las minorías revolucionarias debemos salir y dar el primer paso. No se trata de alinearse con uno u otro bando porque, en cualquier caso, estamos tras un estandarte burgués. Se trata de que nos ubiquemos desde el punto de vista de la clase trabajadora en su totalidad, defendiendo su estricta autonomía en la lucha y la autoorganización de sus fuerzas para erigir el combate contra el sistema capitalista. Y ello no podemos lograrlo salvo a condición de que nos apropiemos del materialismo histórico, el método revolucionario; aquel que critica la realidad social desde el centro mismo de ésta, aquel que critica la realidad social en tanto que levanta los intereses de la clase trabajadora en su totalidad al ser ésta el centro mismo de la producción social. He aquí el fundamento mismo de su carácter revolucionario. Si no logramos desasirnos de las diferentes ideologías burguesas que nos atenazan apropiándonos de la filosofía de la praxis emancipatoria del proletariado, jamás podremos contribuir a la emancipación proletaria internacional. Estas líneas se dirigen precisamente a tratar de alimentar el necesario debate y la clarificación teórico-política de la que tanto adolece la clase trabajadora.

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