¿Quiénes somos?

El Colectivo Revolucionario Espartaquista Estudiantil es una organización que se define del medio político proletario y heredera de las posiciones de la Izquierda Comunista, nacida de las múltiples corrientes críticas de izquierda al calor de la deriva oportunista de la III Internacional ya en la época de Lenin y contrarrevolucionaria cuando Stalin se hizo con el poder a tenor de la contrarrevolución que se estaba gestando en Rusia. Igualmente, nos consideramos herederos de todos los distintos grupos de ultra-izquierda que surgieron en la reflexión intransigentemente comunista e internacionalista de las sucesivas experiencias históricas del proletariado en su lucha contra el capitalismo y la dominación burguesa.

La aparición de nuestra organización se produjo, considerado en lo inmediato, resultado del descalabro de las luchas de los estudiantes universitarios de Sevilla frente al Artículo 27[1] orquestado muy inteligentemente por la burocracia estudiantil. Pero, observando más resueltamente el movimiento en su globalidad, nuestra emergencia es producto del repunte de la combatividad obrera a escala internacional cuyo punto de inflexión encontramos en los acontecimientos que sacudieron Grecia a partir de la muerte de un joven anarquista a manos de la policía y, más concretamente, las protestas y huelgas derivadas contra el Plan de Ajuste que Papandreu tenía preparado para asear las arcas griegas. Las revueltas estudiantiles del 2008 y 2009 hicieron de puente, demostrando que la minoría avanzada de los estudiantes proletarios lejos está de dar el combate por perdido.

Al calor de las enseñanzas de nuestra organización hermana, Corriente Comunista Internacional, fuimos perfilando unas bases centrales de intervención en el movimiento obrero y estudiantil basadas en una articulación dialéctica del ejercicio de reflexión teórica sobre el eje central de la praxis comunista en el movimiento obrero y estudiantil siempre y cuando éste se dotara de organismos de lucha abiertos y unitarios, las asambleas obreras y estudiantiles. Nuestra intervención en las mismas busca dar siempre una dimensión más global, resulta y radical al combate que se esté dirimiendo; defendiendo en todos los casos la necesidad de articular reivindicaciones comunes con otros combates obreros o estudiantiles que se estén gestando bajo el auspicio de la solidaridad proletaria internacionalista, la prosecución de la lucha siempre y cuando la asamblea así lo decida y, en definitiva, el respeto a la soberanía de la misma como único organismo unitario de combate.

En ciertos casos, serán los trabajadores mismos los que se doten de las asambleas para autoorganizarse. En otros, serán los sindicatos o burocracias estudiantiles los que, constreñidos por las circunstancias, busquen convocar una asamblea en la que legitimar su dominación sobre el movimiento en su conjunto. Quién la convoque es lo de menos siempre y cuando ésta sea abierta y la voz del CREE pueda ser escuchada por todos, especialmente por aquellos que buscan una alternativa realmente proletaria a la razón subjetiva objetivizada por el bloque hegemónico burgués del que forman parte también aquellos que se reclaman “proletarios”: estalinistas, leninistas, maoístas, trotskistas y anarquistas/anarcosindicalistas de toda laya.

Nuestro trabajo en las asambleas se orienta, en primer lugar, en la denuncia y combate sin contemplaciones de la delación a la que nos arrojan los sindicatos, partidos burgueses y burocracias estudiantiles varias. La clase trabajadora y el colectivo estudiantil no necesitan ser representados en ninguna instancia de la superestructura de dominación burguesa, llámese ésta parlamento o Consejo de Gobierno; ellos saben representarse a sí mismos y dotarse de estructuras de acción a través de su autoorganización en asambleas. Los sindicatos existen en la medida en que la clase trabajadora encuentra amplias dificultades para autoorganizarse y se nutre, precisamente, de la división de la clase trabajadora que tanto estimula. En el caso de las burocracias y partidos políticos burgueses, ocurre otro tanto; si acaso, más sangrante aún.

Nuestro trabajo, aparte de participar en las asambleas y acatar sus decisiones, es también un trabajo teórico. Un trabajo sin el cual somos incapaces de dotarnos de sólidas bases que guíen nuestra intervención en el medio proletario y estudiantil. Un trabajo que se nos aparece, por tanto, como absolutamente ineludible. Somos marxistas puesto que consideramos que sólo el materialismo histórico es el método de análisis de la realidad del que podemos derivar las enseñanzas que nos ayuden a orientar nuestras andanzas. Por tanto, denunciamos la ideologización del marxismo, ya iniciada a la muerte de su mentor, Karl Marx, a finales del siglo XIX. El marxismo como ideología es la antítesis de la relación dialéctica existente entre teoría y praxis, y como tal denunciamos la reducción del método dialéctico a unos cuantos preceptos mal hilados, abigarrados y osificados en el ideario burgués; que los emplea para justificar su dominación al tiempo que nos los arroja a la cara a los verdaderos marxistas para denunciar nuestro aparente “sectarismo”, “izquierdismo” o “radicalismo”. De igual manera, consideramos que el marxismo como ciencia proletaria está recorrido de arriba abajo por un impulso revolucionario y proletario que la intelectualidad “marxista” burguesa ha dejado de lado cada vez que le ha sido necesario. El materialismo histórico tal como fue formulado por Marx y Engels al calor de las luchas del proletariado en su época y los sucesivos aportes hechos al mismo por parte de la Izquierda Comunista y otros grupos de ultraizquierda es un método único, a la vez abierto y cerrado, cuyo sustrato esencial es la perspectiva de clase con la cual se analiza la realidad y que está recorrido de punta a punta por la fuerza revolucionaria del combate que la clase trabajadora ha mantenido contra el capital por más de doscientos años.

Posiciones básicas

A la espera de poder comenzar a perfilar un programa general sólido que se sostenga sobre la base del empleo de ese método que vehementemente defendemos aplicado a la historia del movimiento obrero internacional, ofrecemos aquí algunos puntos básicos de nuestros posicionamientos frente a la misma, no teniendo que tomar estos necesariamente como estáticos e invariables, sino siempre sujetos a un proceso continuo de reflexividad que continuamente nos obliga a pensar y repensar nuestras posturas conforme evoluciona el movimiento proletario y estudiantil y su combate contra el capitalismo. Siendo así:

  • Caracterizamos, como lo hiciera la III Internacional en su primer congreso, que el capitalismo ha entrado en su fase de decadencia, inaugurada ésta en la I Guerra Mundial. Con la crisis de los años setenta y la definitiva internacionalización del capital, el capitalismo ha entrado de lleno en su fase de total descomposición; aquella que nos ofrece la revolución comunista proletaria como único camino frente a la total y absoluta barbarie iniciada.
  • La entrada del capitalismo en su periodo de decadencia trajo aparejadas una serie de experiencias revolucionarias iniciadas en Rusia en 1917 y aún en 1905. La Revolución Rusa fue, junto con la Comuna de París, la primera gran gesta del proletariado mundial en su camino hacia el comunismo; pero en el camino se encontró un Partido Bolchevique que en 1905 no supo sacar un verdadero aprendizaje de la aparición de los consejos obreros (soviets) y en octubre de 1917 no sólo defendía un programa burgués con el reparto de la tierra a los campesinos y con la reconversión del “derrotismo” revolucionario en componendas con el capitalismo internacional que asediaba el país de los sóviets. En medio del desastre, el fulgor revolucionario de la clase trabajadora terminó apagándose y la burguesía retomó los puestos que había perdido sólo parcialmente meses atrás. Las políticas iniciadas por el Comintern por aquellos años eran el cristal en el cual se reflejaba la verdadera faz de la orientación del Partido Bolchevique en Rusia, que no buscaba sino proteger la legitimidad de su dominio sobre el proletariado ruso y, por extensión, mundial. La figura de Stalin se explica no como cambio respecto a la política que condujo al aplastamiento de Kronsdat (y las vulgaridades que sobre el particular se enarbolaron para perpetrar la masacre que dio fin a la ilusión soviética, que aún hoy los trotskistas y leninistas de toda laya siguen enarbolando), sino como continuidad. El carácter de la revolución rusa se nos muestra así como desdoblado: el proletariado llevaba adelante un combate por el socialismo, el Partido Bolchevique, pretendido mentor del mismo, enarbolaba una lucha que le colocara en el eje central de la dominación sobre el proletariado, inaugurando el termidor ruso con su ascenso al poder. Si observamos atentamente, las corrientes críticas surgidas en el seno del bolchevismo (Miasnikov, especialmente) denunciaron sin contemplaciones la praxis antiobrera de los bolcheviques en múltiples escenarios, lo que pone de relieve lo aquí afirmado.
  • Pero el fracaso de la Revolución bolchevique no queda encerrado en las fronteras del país de los sóviets, sino que es expresión de la política oportunista llevada adelante por un Comintern liderado por Moscú y que no tenía necesidad de estimular un combate contra el capitalismo a escala internacional para destruir la hegemonía recién inaugurada. La oleada revolucionaria comenzada en 1917 tuvo su máximo fulgor hasta 1923, año a partir del que comenzó a disminuir su fuerza e intensidad y la relación de fuerzas se puso muy en contra del proletariado. Los últimos estertores de esta oleada (con sus flujos y reflujos internos) los encontramos en 1936, cuando el proletariado ibérico se lanzó espontáneamente a combatir al fascismo combatiendo igualmente el sistema productivo que lo engendraba: el capitalismo.
  • La lección que estos nos legaron es pre-clara: no existe oposición entre democracia y fascismo, ambos son dos vértices complementarios de la dominación capitalista y los límites entre ellos tienden a desdibujarse cuando la amenaza del proletariado cobra fuerza e intensidad. Las condiciones que abre el periodo de decadencia del capitalismo suponen que no se pueda combatir el fascismo en favor de la democracia porque ésta, como forma de dominación burguesa, es tan antiobrera como la anterior. Siendo así, las fracciones de burguesía de “izquierdas” son tan contrarrevolucionarias como las de “derechas”; destacando muy especialmente los grupos estalinistas, leninistas, trotskistas, maoístas y anarquistas que juegan a diferenciar metafísicamente a ambas y a hacer juego en defensa de la causa de la primera. Y es que, en definitiva, los proclamados “socialistas”, anarquistas, “comunistas” y demás; no son sino grupos burgueses (con su correspondiente ideología burguesa) que mezclan y amalgaman los intereses proletariados con los de la burguesía para hacer causa común a favor de esta última en su aplastamiento en todos los frentes (político, económico, ideológico) del proletariado. En esa línea enarbolamos también una crítica feroz a la política de “frente popular” o la renombrada “frente de izquierdas” en el combate frente al fascismo; puesto que, como ya hemos expuesto, el combate que consideramos que ha de llevarse adelante no es a favor de una  fracción de la burguesía (aquella que nos dora la píldora que ideas etéreas de libertad, igualdad, solidaridad, justicia) frente a la otra y porque la idea misma de frente popular, debido justamente a esto que acabamos de exponer, supone un combate interclasista en el que el proletariado es arrastrado tras una bandera burguesía y la propia burguesía (esa fracción antes mentada) entra en juego haciendo causa común con las organizaciones pretendidamente “obreras” o incluso “proletarias”.
  • Los sindicatos fueron, en primer lugar, formas degeneradas de lucha proletaria que cimentaron su poder en el fértil terreno de la imposibilidad del combate contra el capitalismo por parte del proletariado en su conjunto y la defensa, luego de ello, de mejoras progresivas en sus condiciones de vida. Su papel es era el de “mediar” en la oposición irreconciliable entre capital y trabajo y podemos afirmar que, desde el incio del periodo de declive del capitalismo, todos los sindicatos sin excepción se han puesto a favor del primero frente al segundo. Esto es, si antes valía apoyar tácitamente la aparición y extensión de los sindicatos, cuando no se podía más que mejorar; hoy en día la revolución comunista implica la destrucción de la dominación sindical en primer lugar. Desde los oficialistas hasta los anarcosindicalistas, pasando por los “sindicatos libres”; todos en su papel de sindicatos (en su naturaleza) sirven al capital puesto que su función reside en desviar las luchas, desarticularlas y vaciarlas de contenido. Aparte, estos mismos sindicatos se nutren de la división del proletariado; puesto que no pueden en modo alguno pretender subvertir el status quo burgués que les hace valedores de su dominación.
  • Rechazamos el parlamentarismo por ser éste otro circo más de los muchos que la burguesía monta en su trabajo de dominación ideológica sobre el proletariado, así como el terrorismo, expresión de la descomposición de la pequeña burguesía y de capas sociales sin porvenir histórico alguno; cuando no emanación directa de los conflictos interestatales. El terrorismo predica la acción de las pequeñas minorías y por ello se sitúa en el extremo opuesto de la violencia de clase, la cual surge como acción de masas consciente y organizada del proletariado.
  • Rechazamos el nacionalismo en todas sus formas y, qué duda cabe, en su trasfondo. De igual manera que creemos que en los sindicatos existen elementos verdaderamente revolucionarios y con consciencia de clase que han sido vilmente engañados y estafados por la romántica imagen del sindicato como el más apegado al combate obrero, creemos que elementos verdaderamente revolucionarios están echando a perder su tiempo, su fuerza y energía revolucionarias en movimientos políticos nacionalistas que la clase trabajadora debe rechazar de plano. Las experiencias que el combate nacionalista deja a la clase trabajadora en su reguero sangriento son múltiples y todas ellas están recorridas por el mismo principio: las luchas por la emancipación nacional son siempre contrarrevolucionarias. La idea de nación es una idea muy propia del ideario burgués que en muchos hasta ha sido superada por un cosmopolitismo de nuevo orden. La idea de nación está asociada con el desarrollo expansivo del capitalismo en sus momentos de auge y crecimiento sin parangón, en el que las distintas burguesías emergentes no estaban dispuestas a ser vasallas de la capitalización de valor extranjero y buscaban, en primer lugar, crear sus propias bases productivas y circuitos de circulación en los que poder generar plusvalía. Hoy en día, en un momento en el que ya no vale hablar sino de un capitalismo global, en el que el capital se ha encontrado de bruces con su límite objetivo en su capitalización; los movimientos nacionalistas son abanderados de la pequeña burguesía en vías de descomposición de los países que pertenecen a la periferia capitalista o en los que existe un fuerte arraigo de la cultura nacionalista burguesa (Bretaña, Euskadi), movimientos interclasistas que hacen anteponer al proletariado la emancipación nacional a su emancipación mundial, movimientos que no buscan la abolición de la explotación asalariada, sino su reedición bajo un nuevo marco geopolítico e institucional. Condenamos el nacionalismo en todas sus vertientes, especialmente aquellas pretendidas de izquierda, pues diciéndose de la causa “socialista”, quieren arrastrar al proletariado a un nuevo callejón sin salida para fortalecer su propia dominación como elementos de la podredumbre burguesa que son. El nacionalismo como ideología tiende a sentar las simientes de la división de los intereses del proletariado, que en tanto que proletariado sólo tiene uno: el comunismo. Si en algún momento de la historia, el proletariado tenía algo que ganar coaligándose en estos movimientos de secesión con la burguesía, hoy no tiene nada que ganar ya y sí mucho que perder, comenzando por sus cadenas.

 

Militancia

En el CREE la condición de militante no se basa en el pago de cuotas y en la aceptación de palabra de un programa sin más. No estamos interesado, a diferencia del resto de partidos burgueses, en una adición cuantitativista e irreflexiva de miembros a nuestras filas. Ello lo único que deja espacio es al burocratismo, al oportunismo y a la deriva del partido. Esto no significa que creamos poseer el “credo” y que nadie que no participe en nuestro “credo” puede formar parte de nuestro partido, puesto que de ser así, no estaríamos sino defendiendo el vértice opuesto a lo anteriormente dicho; siendo más propio este proceder el de las sectas burguesas tanto el plano religioso como político.

La militancia en el CREE pasa por un primer contacto y una prosecución de debates que nos lleven a conocernos mutuamente. Sabiendo cada uno del respectivo, perfilamos posiciones y formas de participación en nuestro proyecto a medio plazo. Desde un principio, sin embargo, nuestra organización está abierta a todo tipo de colaboración con independencia de las divergencias, siempre y cuando estas se mantengan en un plano en el que pueda existir un mínimo entendimiento. Habiendo llegado a unos puntos más o menos de acuerdo (con las diferencias más o menos sustanciales o secundarias que pudiera haber), se iniciaría el trabajo como militante del partido, asumiendo progresivamente tareas y cobrando peso en la dirección del partido (dirección que, dicho sea de paso, conformamos todos los miembros del CREE). Esto implica:

  • Participar en los debates llevados adelante por el partido con otros compañeros obreros o estudiantiles interesados en nuestro proyecto mediante la preparación conjunta de materiales de debate.
  • Participar en la elaboración de nuestro boletín mensual, tanto en la elaboración de artículos que luego serán revisados por el resto de compañeros para hacer enmiendas como en la participación en las enmiendas del resto de trabajos de los militantes.
  • Asunción de las tareas asignadas en conjunto por el CREE salvo en casos en los que existiera una imposibilidad justificada.
  • Participación en todos los proyectos llevados adelante por el partido en la medida de las propias posibilidades.
  • Asunción de las bases de intervención política elaboradas en conjunto por el partido.
  • Rendición de cuentas al partido en todo lo concerniente a la militancia en el mismo o en lo relativo a él.

 

Todos estos materiales están, en definitiva, sujetos a revisión y cambios nacidos en el propio debate interno del CREE; por lo que hay que permanecer atentos a los cambios que puedan darse en este documento, que no deja de ser sino un borrador preparatorio de un futuro primer congreso.


[1] Podréis encontrar un desarrollo de esta lucha en El Estudiante Proletario nº4. http://www.kaosenlared.net/noticia/estudiante-proletario-n4-ya-esta-calle

 

 

 

comentarios
  1. Carlos dice:

    Hola me resula muy interesante vuestras posiciones…en que ciudad estais?

    • Hola, compañero.
      De momento, nuestra presencia se reduce a Linares (provincia de Jaén), la ciudad de Sevilla y el entorno de la misma y la ciudad de Alicante y entorno, aunque intentamos desplazarnos también a Valencia.
      Nos alegre que nuestras posiciones te resulten de interés. Siempre puedes seguir conociéndonos entrando en contacto con nosotros en nuestro correo (luchaestUS@hotmail.com) para tratar las cuestiones que desees y, dado que pudiera ser así, también entrar en contacto cara a cara y sostener un trabajo continuo y a largo plazo de colaboración, debate e intervención en el movimiento obrero.
      Un fraterno saludo del CREE

  2. Grupo de Esclarecimiento Comunista - Ex NPP dice:

    Estimados compañeros del CREE:

    Hemos podido leer un artículo suyo en la página de la CCI, titulado “Los mineros chilenos estafados por el capital”. Gracias a esto, sabemos ahora de su presencia dentro del proletariado. Y créannos, saludamos con el más profundo calor de clase que aparezcan minorías conscientes que tengan una visión internacionalista, proletaria, comunista y revolucionaria.

    A modo de presentación, les informamos que somos la agrupación “Grupo de Esclarecimiento Comunista – G.E.C. ”. Estamos conformados por proletarios de todo sector, como también estudiantes (colegio, universitarios, etc.). Somos un grupo joven, no sólo en el tiempo de existencia, sino también en las edades de los militantes. Es por eso que nos sentimos identificados con ustedes por ser también una organización joven que sale de las entrañas de la lucha de clases, rompiendo con el izquierdismo, reformismo, estudiantilismo, y proponiendo un trabajo de vanguardia en el conjunto de los esclavos asalariados. Aunque nuestro lugar de existencia reside en el Perú, el sentimiento que nos une rompe toda frontera impuesta por los Estados capitalistas. Un sentimiento de solidaridad y unión, que tiene bases materiales reales; ya que la explotación que sufrimos es como clase, como clase mundial. De la misma forma entendemos que los sucesos de lucha que se producen en todo el mundo ahora, y en la historia de nuestra clase, nos sirven para enfrentar el futuro, el proyecto comunista que tenemos encargado. Y como bien sabemos, ustedes como nosotros, es mundial o no es real.

    En el artículo ustedes mencionan que los mineros en Chile, han sido estafados por el capital, al ser comprados por jugosos premios económicos y reconocimiento “social”. Pues bien compañeros, es importante saber que la actual crisis capitalista se pone de manifiesto de diversas formas, ustedes más que nadie lo pueden apreciar con lo que sucede en Europa, con las leyes de austeridad, el problema de las pensiones para los jubilados, etc. Esto necesita una actuación contundentemente ideológica y social de los capitalistas y de sus Estados burgueses en contra de la organización y toma de consciencia de nuestra clase (lo peor que les puede suceder a los capitalistas es que nosotros tomemos nuestra lucha en nuestras manos). Lo de Chile es un claro ejemplo de que se ha hecho todo lo “burguesamente” posible para que no haya un análisis materialista y de clase sobre lo que sucedió, para que no se produzca una reacción del proletariado en Chile. Es importante por eso su toma de posición, y de todas las minorías que se pronuncian sobre esto, ya que es la única luz que se enciende, dentro de toda esta oscuridad ideológica a las que nos tiene acostumbrados el sistema burgués.

    Por eso es importante que las minorías participen en los espacios de debate, de discusión de esclarecimiento de nuestra clase, y que también trabajen para abrir estos espacios. Y en este caso particular mencionen este suceso, como ustedes bien lo dicen en el artículo, “para valerse de esta experiencia para denunciar sin contemplación ni condescendencia sus miserables condiciones de trabajo y las de toda la clase trabajadora minera.”. Pues compañeros, nosotros nos valemos, nos fortalecemos, de la experiencia de nuestra clase.

    Esto sería todo por ahora compañeros, les reiteramos el saludos de clase, de parte de nuestra organización G.E.C., que de la misma manera que ustedes, está en la brega de contribuir al desarrollo de la lucha autónoma de nuestra clase a nivel internacional. Esperamos mantener comunicación con ustedes, ya que uno de los principales puntos del Programa Histórico Comunista, es el de trabajar para formar y establecer lazos entre las minorías revolucionarias del mundo entero, no sólo por contribuir al esclarecimiento sino porque necesitamos establecer una lucha organizada a nivel mundial y conectar las luchas que se producen y se producirán en estos próximos años.

    Adelante con la lucha, seguimos adelante, y si podemos vernos con ojos proletarios, nos daremos cuenta que el Comunismo no es un “hermoso sueño” sino un futuro real, nosotros somos prueba fehaciente de esto. Nuestra existencia y de las minorías que existen y surgen a nivel mundial son prueba de ello. Ahora más que nunca la burguesía tiembla ante una revolución comunista, nosotros no tenemos nada que perder excepto nuestras cadenas. Continuemos entonces con el trabajo compañeros.

    Grupo de Esclarecimiento Comunista – G.E.C.

    04/11/10

  3. Taulmaril dice:

    Desde luego ya no sabéis que inventar para proclamar que queréis llamar la atención. ¿Obreros? ¿Cuántos de vosotros ha echado horas trabajando en un bar? ¿O en una obra? ¿O en una tienda?

    ¿Cuántos de vosotros os creeis tan importantes como para llevar un teléfono móvil, lujo de la sociedad “capitalista” a la que atacáis?

    Por favor, desde la III Internacional las cosas han cambiado muchísimo y no voy a negar que estamos en una dictadura del producto y del consumo, pero ¿intentar remediarlo con retazos de ideologías y doctrinas pasadas de moda y con graves deficientes a la hora de poder corregir “lo malo”?

    Deberiais dedicar vuestras cabezas pensantes a este tipo de luchas sin ligaros a historias de facciosos y extremistas.

    • No creemos estar llamando la atención, es más, compañero; preguntas por cuantos de nosotros han trabajado en un bar, justo en la hostelería, marcada especialmente por las gravísimas condiciones de trabajo que en ella imperan. Pues bien, el que te está hablando actualmente, por aludirme en primer lugar, lleva trabajando desde los 16 años en catherings todos los fines de semana sin contrato, echando más de 13 horas por jornada de trabajo, cobrando entre 60 y 100 euros por esas 13 horas de trabajo inhumano y denigrante hasta decir basta. Si este argumento (por otra parte, en especial si hablamos del proyecto que el CREE está intentando llevar adelante, no más que mera anécdota) te sirve para convencerte un poco más de que tenemos plena legitimidad para hablar de “obreros” o de “proletarios” pues bienvenido sea el argumento.
      Si deseas seguir manteniendo el debate, te invitamos a que nos escribas a nuestra dirección. Nosotros no decimos que buscamos el debate por tener un espíritu de demócratas convencidos, sino porque aceptamos la crítica y como tal la consideramos importante a la hora de avanzar en el camino que desde el primer día nos hemos fijado.
      luchaestUS@hotmail.com, ahí nos encontrarás.
      Un saludo.

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