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El terrorismo históricamente ha correspondido a las clases sociales sin ningún porvenir histórico. Un ejemplo preclaro de esto lo encontramos en el anarcocomunismo de Piotr Kropotkin, quien, no olvidemos, era un príncipe ruso cuyos privilegios de noble, así como los de toda su clase parasitaria veía en peligro ante el ascenso de la burguesía, no obstante de ser débil y limitado en Rusia menos peligroso. Pero ha sido sobre todo la pequeña burguesía y elementos desclasados provenientes de la misma los que más han cultivado las prácticas terroristas. La lucha de ésta contra la galopante asalarización en el marco de la emergencia y desarrollo de las relaciones productivas capitalistas (que engendró, por ejemplo, el pensamiento utópico y el anarquismo; cuando todavía la desposesión de los medios de producción determinada por el capitalismo se encontraba más vívida y el desarrollo del proletariado como sujeto histórico era débil) tomó el cariz de lucha abierta contra quienes ostentaban el poder de revertir su situación y no lo hacían -véase el bandolerismo. Con el tiempo, ante el avance inexorable del capitalismo monopolista y la internacionalización de las relaciones de producción capitalistas (no como fase superior, sino como desarrollo inmanente y necesario), la lucha de la pequeña burguesía se reorienta hacia el gran capital, aquél que le condena a pernoctar en los intersticios del mercado y a convertirse en polichinelas del gran capital extranjero. Esta pugna adquiere una indeleble marca nacionalista al ser, pues, la confrontación del pequeño capital nacional contra el internacionalizado gran capital. Es la lucha por saber quién se convertirse en la clase monopolizadora de la explotación del proletariado nacional. A tan oneroso honor aspira la banda terrorista ETA.

La historia de esta organización es, en su mayor parte, por todos bien conocida. Echando la mirada atrás sobre el pasado, no es ésta la primera vez que ETA declara un alto el fuego permanente. Siempre que se ha visto debilitada, la organización ha programado un cese de la violencia hasta que las dictaduras islámicas y Alemania volvieran a prestarle el apoyo armamentístico necesario. En los últimos años, sin embargo, ETA nunca se había visto como se encuentra ahora: un apoyo popular desaparecido, una Izquierda Abertzale díscola, pacífica y democrática; mil veces desarticulado su aparato militar y logístico, incapaz de reorganizar el aparato político; una presión constante de las autoridades policiales,…en fin, el alto el fuego -ya apuntado en septiembre con su anuncio del cese de la violencia- es absolutamente indefectible. Todo esto, como es obvio, no se le escapa a la organización terrorista vasca, que una vez más se escuda en la apertura de un proceso democrático en el que Batasuna tenga participación que permita lograr, a través de las instituciones oficiales, la “liberación” del pueblo vasco. Todo el carácter “revolucionario” de su lucha reside en pretender abrir un espacio de diálogo con las autoridades y la sociedad vasca en su conjunto que favorezca el debate acerca de la idoneidad de la autodeterminación. O en otras palabras: se emplea el terrorismo para forzar un proceso de autodeterminación nacional en el marco de las relaciones de producción capitalistas y de las instituciones del orden social burgués. La lucha “revolucionaria” de ETA es una lucha de la pequeña burguesía desclasada, patriótica, reaccionaria y profundamente antiproletaria.

La autodeterminación de las naciones, todo un ideologema dentro del leninismo, es un combate de orden interclasista del que el proletariado no tiene nada que obtener salvo una derrota de su autonomía como única clase revolucionaria. El terrorismo es una práctica ajena a la praxis emancipadora del proletariado, si acaso, es uno de sus grandes enemigos. Los cientos de muertos que ETA ha dejado a cuenta durante todos estos años sólo han servido para aplastar y subyugar más al proletariado, y no tenían otro fin que abrir la negociación con las instituciones y fuerzas de la democracia capitalista para convertir a la burguesía abertzale en la única dueña del proletariado vasco. El medio no hace al fin, pues, y aquellos polvos son ahora estos lodos. Tal o cual camino son indistintos llegados a este punto. ETA es un mortal enemigo del proletariado, y como tal debe ser combatida.

Debido a que aspira a monopolizar la explotación del proletariado vasco y convertirse en su opresor estatal. Sus aliados políticos y sus patrocinadores financieros son las dictaduras islámicas, las de Khomeini y Gaddafi, entre otros.
ETA es una organización capitalista, patriótica, reaccionaria, por sus métodos es corrupta y criminal. Cada acción, cada palabra de ETA o cabeza de puente de Herri Batasuna, se opone a la lucha obrera y le perjudica, en la tierra vasca, España, Europa, en el mundo.
El proletariado es, por su propia esencia, anti-capitalista, internacionalista, revolucionario
. Y ahora no puede caminar en esta dirección, la única que pertenece a él, sin denunciar a ETA, cuya estafa política, pringada de sangre palidece la vieja estafa de los presuntos socialistas o comunistas, sin hablar de los sindicatos. Les denunciamos a todos ellos por lo que son, y todos en tanto que parcelas del mundo de la explotación. Trabajamos por la formación de un partido revolucionario de los explotados de toda la península. Sólo éste será capaz de restregar la nariz de ETA en su propia mierda, y librar el camino de otros fraudes, también enemigos de la revolución.

Panfleto distribuido por el Fomento Obrero Revolucionario tras la masacre del Hipercor de Barcelona perpetrada por ETA en 1987.


No queremos hacer aquí una disertación ensayística sobre el tema en particular, simplemente queremos dar algunos apuntes que consideramos indispensables para comprender la convocatoria de Huelga de Consumo del 21 de diciembre y poder hacer una valoración crítica sobre la misma. A la convocatoria, se sumaron más de 100 organizaciones a lo largo y ancho de todo el Estado español; quienes impulsaron diversas concentraciones, actividades culturales, campañas de información y propaganda y actos por el estilo. Las reivindicaciones que movían a la convocatoria de esta huelga fueron bien aclaradas en la rueda de prensa del 16 de diciembre que Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción y la Confederación General del Trabajo dieron para anunciar la misma. Todas coincidieron en decir que ““las organizaciones que convocamos la Huelga de Consumo queremos reivindicar ese día para hacer una crítica a las medidas que el Gobierno ha tomado y sigue tomando, y para reivindicar una revisión de nuestros valores que nos conduzca a primar la cooperación ante la competencia, la solidaridad ante el individualismo; adaptar las estructuras económicas y productivas a los límites biofísicos del planeta y a las necesidades de las personas; sustentar la producción y el consumo esencialmente a escala local; y redistribuir con criterios ecológicos y de equidad el acceso a recursos naturales y la riqueza.”

Según las organizaciones convocantes dejaron bien claro, el ataque era a los mercados y al gobierno, nunca a los autónomos o pequeñas empresas que malviven en esta economía neoliberal intentando aprovecharse de las migajas que les llegan. Por tanto, lo primero reseñable de esta particular huelga de consumo es que el término “consumo” está asociado directamente a la producción de mercancías por parte del gran capital, por lo que el ataque está dirigido contra el gran capital y no contra el “pequeño”. Dicho en otros términos, no es una huelga contra el capitalismo considerado en su conjunto y totalidad, sino una huelga que hace oponibles al pequeño y el gran capital como si metafísicamente desligados estuvieran. Por este motivo, muchísimos grupos anarquistas, incluyendo confederaciones anarcosindicalistas, vieron con buenos ojos y apoyaron esta huelga; pues arrastran ya desde Proudhon las ideas pequeño burguesas sobre autogestión económica. Pero si el anarquismo casi en su conjunto ha secundado esta huelga es porque las implicaciones de los ideologemas anarquistas van más allá.

Para dar buena cuenta de lo siguiente que queremos exponer sobre la huelga de consumo, es importante recalcar la idea anterior. La Huelga de Consumo del 21-D estaba dirigida contra el consumo de la “ciudadanía” en las grandes superficies comerciales y de los productos de las grandes corporaciones y empresas; pero en modo alguno contra el pequeño capital. Por tanto, no era un combate contra el capitalismo, sino un pseudocombate contra una forma de manifestación de la lógica de producción capitalista fruto de la concentración de capital. Si el capitalismo es el gran capital pero no el pequeño, debemos pensar que la práctica huelguística adolece de una reflexión sobre la verdadera naturaleza del capitalismo, por lo que centra su “combate” contra la forma última que adopta el plusvalor en la reproducción simple (la mercancía) sin profundizar en todo el proceso que opera más allá de las manifestaciones discernibles que del capital nos llegan en tanto que consumidores. Podemos concluir que no se piensa la división social del trabajo que determina la infraestructura productiva capitalista, por lo que la protesta no se mantiene en el estricto margen de la autonomía del proletariado (sujeto social al que le es enajenada la fuerza de trabajo); sino que ésta es espoleada desde el punto de vista del “consumidor” descontento.

Si defendemos la centralidad del proletariado como clase revolucionaria, esto es, si comprendemos que su emancipación de las bases materiales de su alienación (capitalismo) depende de sus únicos esfuerzos, derivamos necesariamente que la Huelga de Consumo no es en modo alguno una herramienta de lucha del proletariado; en tanto que el término consumidor esconde una lógica de connivencia interclasista ajena a los intereses emancipatorios del proletariado y, por ende, contrarrevolucionaria. El proletario protesta en tanto que “ciudadano” y “consumidor”, no en tanto que proletario. Siendo de tal manera, poco daño se le puede causar al sistema capitalista, no ya porque los términos se han invertido y se ataque justamente donde menos daño se puede hacer, al consumo en vez de a las mismas bases productivas, sino también porque el proletariado no mantiene en este pugna contra el capital su autonomía en tanto clase.

Podríamos terminar aquí afirmando que nada hay que ganar con una huelga de consumo. Pero quisiéramos llevar el argumento un poco más allá a tenor de lo expuesto arriba. A pesar de los denodados esfuerzos de muchas organizaciones convocantes por establecer una cesura entre la Huelga General del 29-S y la Huelga de Consumo del 21-D, no es difícil concluir que ambas se encuentran en cuanto que ninguna pretende superar la actual dispersión y división de la clase trabajadora, al contrario, la alimentan en base a una adición puramente individual y cuantitativista a la convocatoria. Esto lo vimos en la HG del 29-S, que se movió en los términos de una protesta “ciudadana” a la que cada cual debía adherirse a título individual. Esto mismo se vuelve a repertir en la HC del 21-D, en la cada consumidor, aisladamente y a título individual, combate el capitalismo desde el sofá de su hogar no yendo a los grandes almacenes ni cadenas empresariales; como mucho, a la tienda de la esquina. Ni en un caso ni en otro la clase trabajadora tiene nada que ganar.

Postmodernidad

Publicado: diciembre 22, 2010 en Formulación teórica

Existe un acuerdo en el seno de la alta intelectualidad de nuestro tiempo por el que se ha convenido llamar postmodernidad al periodo histórico actual. El término, acuñado por Lyottard en los años setenta, marca una cesura histórica evidenciada en el triunvirato que mejor define la postmodernidad: anomia, crisis de la ideología y crisis de la ciencia. Fulminando todos los mitos de la racionalidad burguesa fruto del ascenso y definitivo triunfo de la burguesía como clase dominante, la postmodernidad abre un nuevo escenario de incertidumbre, eclecticismo y caos en el que todo parece desmoronarse. No hay ciencia, no hay creencias, no hay ideología, no hay nada, en definitiva, a lo que agarrarse para dar un sustrato sólido a nuestra vida y que no se desparrame. El capitalismo se descompone y arrastra a la descomposición todo producto y organización social. La postmodernidad no es sino su más ideologizada teorización.

La caída del estalinismo en los noventa se nos vendió como el inicio del fracaso de toda ideología, especialmente en lo que respectaba a todo intento de subversión del orden existente. La desarticulación de la ideología parecía arrastrar, por tanto, a la indeterminación histórica de la praxis social; o en otras palabras: la inexistencia de “alternativas” procuraba un marco de relaciones sociales en las que no pudiera existir una lucha por la alternativa. Se obvia, no obstante, que toda ideología es ya una falsa consciencia que hace inoperante nuestra acción social; floreciente en el marco de las relaciones de dominación de la sociedad de clases. La ideología moderna, incrustada en las nuevas relaciones de producción inauguradas por el capitalismo, existe en tanto que perpetúa la dominación de la clase burguesa sobre el proletariado, negación este último de la sociedad de clases. La ideología está llamada a morir o, más bien, a destruirse conforme el proletariado se emancipa de las bases materiales que cimentan su alienación y explotación.La destrucción de la ideología es la destrucción de las relaciones de producción capitalistas, y sólo el método, la filosofía de la praxis, está llamado a suprimirla. El método es la negación de toda ideología, de toda falsa conciencia. Denostado, vejado, humillado y, más recientemente, falseado hasta extremos insospechados, el método vuelve a resurgir, siempre resurge. El materialismo histórico, alumbrado en la oposición a la revolución burguesa de la revolución proletaria, es producto histórico de la lucha de clases. La ciencia, los valores, las creencias, la cultura, tienen que ser pensados, por tanto, como productos de la infraestructura productiva y la división social del trabajo; en nuestro caso, en el marco de las relaciones de producción capitalista. No son todos estos, en definitiva, más que conceptos vacíos filtrados por contenido de clase. Si los famosos valores liberté, égalité, fraternité son producto de la lucha de la burguesía contra el absolutismo y están recorridos, por tanto, por la lógica de las necesidades de una burguesía ascendente en el siglo XVIII; debemos concluir que los valores no son ahistóricos, están ligados a los intereses de clase. La ciencia se objetiva, igualmente, en la clase social a la que sirve. La ciencia burguesa es, pues, ideología. A la misma se debe oponer el proletariado, el método del proletariado, único que sirve a sus intereses emancipadores. El materialismo histórico es la filosofía de la praxis emancipadora. La apropiación del mismo por parte de la clase trabajadora es la recuperación de su consciencia de clase. Por ello, aun la intelectualidad burguesa postmoderna haya sido capaz de negar los viejos preceptos sobre los que se asentaba su dominación de clase, no ha podido desarrollar hasta las últimas consecuencias los nuevos preceptos de su ciencia, muy marcada –dicen- por el “marxismo”. Niegan la ideología pero necesitan la ideología para perpetuar su dominación en tanto clase. No recuperan el materialismo histórico, sino una nueva versión desfigurada que viene a sumarse a tantas otras que se han ido desarrollando a lo largo de la historia para legitimar el orden social burgués reinante.

El pensamiento postmoderno es la expresión suprema de la barbarie capitalista. La burguesía, si quiere afirmarse en el marco de la lucha de clases, tiene que negarse a sí mismo en tanto que producto del capitalismo ahora en descomposición. La postmodernidad es la perpetuación ideológica última de la burguesía. Y como ideología, aun se niegue ideología, se hundirá con todo el equipo. Pero su supresión depende, en última instancia, de que el proletariado se apropie del método, de su arma revolucionaria, de su consciencia y solidaridad de clase. La sociedad de clases pronto tendrá su fin, y con ella perecerá la falsa conciencia que en su seno se engendró, desarrolló y colapsó históricamente.

Artículo escrito por un militante del CREE que aparecerá próximamente en la Revista NOTON (http://www.notonidas.com/)

Inauguramos un nuevo espacio en nuestro blog teórico de referencia, Lucha Proletaria, que viene a sumarse al espacio que ya habíamos habilitado para dar a conocer los artículos que estamos elaborando desde el Colectivo Revolucionario Espartaquista Estudiantil en nuestra serie “Los sindicatos contra el proletariado”. Este nuevo espacio, llamado ¿Partido del Proletaria…qué? intenta, conforme a la voluntad institutiva de susodicho blog, fomentar el debate y la clarificación teórica en camino a dotarnos de las necesarias herramientas teóricas que orienten nuestra acción en un movimiento obrero de nuevo relampagueante, pero que aún tiene mucho camino por recorrer. En concreto, centramos nuestra atención en la reflexión teórica sobre las propuestas programáticas de los partidos autodenominados “vanguardia del proletariado”.

El objeto que nos mueve no es, en modo alguno, el odio acérrimo que nos pueda despertar todo aquello que se pretenda “vanguardia”; aun si creemos que es necesario impulsar el debate sobre el valor del concepto como tal aplicado a la realidad de la lucha de clases. Este es, en fin, su objetivo; el definido en la segunda parte de la frase anterior. Sólo a través del debate y del esclarecimiento podremos las minorías revolucionarias encontrarnos en el fulgor de la batalla proletaria por la emancipación proletaria internacional, y sólo planteando un debate sincero, abierto y fraterno sobre los límites que nuestra autoconcepción vanguardista engloban podremos lograrlo.

Abrimos fuego con Democracia Comunista Internacional. Para acceder a la crítica de sus posiciones básicas, pincha aquí:

¿Partido del Proletaria…qué?

El reguero de reacciones que la huelga de controladores que tuvo lugar el fin de semana pasado continúa y continuará durante meses ante la imposibilidad de quedar indiferente. Todos hemos tomado una posición determinada, sin excepción alguna. Pero en muchos casos éstas están absolutamente viciadas porque reproducen (aun sin quererlo) las mentiras que el Estado y los medios han orquestado en favor de arrinconar a unos trabajadores protestones que ya desde el inicio de la protesta se habían cavado su propia tumba por dejar que todo quedase simplemente en una huelga de “brazos caídos” y no levantar una lucha activa y vigorosa que atañe, en primer lugar, a todos aquellos que quedaron en los aeropuertos a la espera de coger un avión; puesto que las privatizaciones que se están operando en todo el sector aeroespacial como la precarización en las condiciones de trabajo de los controladores terminarán por no serles indiferentes más tarde o más temprano. Por supuesto, el ataque no acaba aquí ni acabará. La militarización, la paz social a punta de pistola, simplemente sienta un precedente de lo que en un futuro no muy lejano será la respuesta a las luchas que lideren los trabajadores; tal y como ocurriera, por ejemplo, con Metro de Madrid este verano.

Pese a lo aquí dicho, el gobierno ha intervenido y de una punta a otro se le ha jaleado. Incluso de los que se pretenden “rojos” o de “izquierdas” están al tanto de la necesidad de reprimir por la fuerza una protesta y hasta corean pidiendo sangre. Algunos lo harán por verdadero convencimiento, otros lo harán porque se han sumergido en la riada de informaciones sesgadas y difamatorias lanzadas por los medios masivos o, igualmente, por aquellas pretendidas como “favorables a los trabajadores” de los medios alternativos; otro invento más de la burguesía para mantenernos entretenidos y mediar nuestra inconformidad a través de una pantalla de ordenador. A tenor de esto, creemos estar en nuestro deber de esclarecer algunos puntos claves sobre los acontecimientos acaecidos, en especial, queremos centrar nuestra atención en la idea de “huelga”. Al parecer, los trabajadores no han “hecho huelga”, no han tenido la valentía de hacer huelga porque no han declarado públicamente que hacían huelga. Veamos que significa todo esto.

Nosotros hemos venido empleando el término huelga salvaje para caracterizar la protesta de los controladores ante el enésimo Decreto Ley que, saltándose cualquier tipo de legalidad laboral burguesa, imponía unas determinadas condiciones de trabajo no estipuladas en el convenio colectivo de los controladores firmado por el USCA, quien, aparte, los controladores reconocen que media en sus conflictos y firma sus conveniso sin la presencia de un sólo controlador. Huelga salvaje es la traducción castellana de wild-cat strike, término inglés con el que se caracterizaba en Gran Bretaña toda huelga que no hubiera sido declarada formal y legalmente por los sindicatos. Es decir, cuando los trabajadores, sindicados y no sindicados, decidían colectivamente que era momento de parar la producción y luchar por sus derechos y conquistas. En el conflicto de los controladores, el sindicato no ha jugado papel alguno, por mucho que ahora el gobierno, los media y el USCA mismo pretendan lo contrario. El ir a por la cúpula dirigente del sindicato oficial no es más que una mera formalidad para desviar el combate hacia los reposados asientos de los juzgados; mientras que uno por uno los controladores son llamados a capítulo por una justicia que, de antemano, les ha condenado. El USCA, que siempre estuvo en el furgón de cola, ahora quiere subirse al carro y hacerse líder del combate. El gobierno permite, por supuesto, puesto que está todo bien premeditado. Unas palmaditas en el culo y a casa a descansar, mientras los controladores siguen trabajando a punta de pistola.

Si la moda oficial es la de vilipendiar y vejar a los controladores en tanto que “privilegiados”, la moda contraoficial, la de los ramplones izquierdistas, es la de argüir que los controladores son una panda de apoltronados que no tuvieron el “valor” de declarar la huelga. Aparte de lo plano y llano en cuanto a profundidad intelectual del argumento, lo que queda en claro es que existe una ignorancia absoluta de qué mecanismos operan dentro de la legalidad burguesa a la hora de convocar una huelga. Este verano se dio un caso similar, pero es más fácil hacer (o decir que se hace) sin parase un momento a reflexionar y a recoger las enseñanzas. Los trabajadores de Metro de Madrid mantuvieron durante dos días una huelga SIN SERVICIOS MÍNIMOS a través de las decisiones tomadas en asamblea puesto que no estaban dispuestos a permitir que el Convenio Colectivo que ellos habían firmado no fuese respetado por la Comunidad de Madrid. Llegado el momento de las negociaciones, volvieron los servicios mínimos. El conflicto se empantana, los sindicatos meten cuña en la asamblea; cunde la desesperación por otra lucha más perdida. ¿Qué queremos decir con esto?

En primer lugar, los sindicatos son los únicos que la legalidad burguesa reconoce el derecho a declarar huelga, sea ésta sectorial o general o del tipo que sea. Si así lo hacen, la instancia oficial o patronal puede perfectamente establecer servicios mínimos en base a un pacto con el sindicato o sindicatos convocantes. Si, como en el caso de la CNT, no se negocia; pues tanto da porque los servicios mínimos tienen que ser cumplidos por ley y al final terminarán protestando únicamente los de la CNT, y eso contando con que sean lo suficientemente “radicales” como para no cumplir si alguno de ellos cumple función de servicios mínimos. He aquí la genialidad de la ideología sindical en general y el anarcosindicalismo radicaloide en particular. Críticas aparte, la cuestión reside en que la convocatoria sindical de huelga no es una forma de lucha puesto que los sindicatos tienen la sartén por el mango. Ellos hacen y deshacen a su antojo. Lo que está sobre la mesa es su propio y particular interés, coaligado al de la burguesía de la que son su sector más preclaro a la hora de lidiar con los trabajadores. La Huelga General del 29-S es ejemplo claro de ello: convocada con la Reforma Laboral aprobada, a destiempo, tras las vacaciones; con una huelga de funcionarios detrás que fue un teatrillo de baja estofa; convocada desde arriba a base de cartelito y vídeos absurdos; y, al final, quedó todo lo suficientemente bonito como para que nadie pudiese hablar salvo riesgo de ser considerado un “loco”, un “sectario” o similar de su estrepitoso FRACASO.

Llevar la convocatoria de una Huelga General por los cauces legales es la mejor forma de matarla antes siquiera de que haya nacido. Ése no es una acto de valentía, es una acto de delación. Tampoco se trata, sin embargo, de organizarse al margen de los sindicatos para tratar de arrinconar al gobierno y hacerle volver hacia atrás en sus planes privatizadores y precarizadores dejando caer los brazos y no tratando de buscar caminos de autoorganización para dar continuidad al combate. Así es demasiado fácil. La burguesía no caerá rendida sin, por contra, intentar ella hacer que caigas tú. No desaparecerá por combustión espontánea, tampoco combatiéndola aisladamente. Las huelgas salvajes no son un fin mismo salvo a condición de que de ellas surjan enseñanzas que lleven a los trabajadores a continuar el camino recorrido ya al margen del aparejo de pesca de la burguesía, los sindicatos. De otra manera, la lección se pierde y el sindicato puede ponerse a la vanguardia (como el USCA pretende ahora) para golpearse el pecho y decirse que él es el legítimo dueño de la protesta y de la lucha de los trabajadores. Convertir el conflicto en cosa de minorías es un paso en falso al que la burguesía pretende arrastrarnos de continuo. Si el USCA pretende ahora erigirse como el adalid de todos los controladores es porque: A) Busca no más hacer recaer sobre un “grupúsculo” una protesta que fue masiva, aunque esta vez el sindicato mismo haya tenido que ser ese “grupúsculo”. B) Favorecer, debido a lo anterior, el refuerzo de su papel preeminente en el colectivo de los controladores asalariados; tanto en el plano operativo como puramente ideológico. Esto es, pretende hacer ver que el sindicato es otro de ellos, el más arrojado; y cuya misión es velar por el interés de todos los controladores. ¿A que podemos encontrar analogías si, en vez de hablar de controladores, hablamos de “sindicato de clase”? Evidentemente. TODOS LOS SINDICATOS SON CONTRARREVOLUCIONARIOS Y ANTIOBREROS. Todos, sin excepción que valga.

Dicho esto, creemos haber puesto sobre la mesa algunas cuestiones de vital trascendencia para continuar esta especie de debate ciego que se está operando en toda la sociedad. El discurso y el contradiscurso dominantes son el mismo mirado a través de la refracción de un espejo; a la clase trabajadora no le vale. Por ello mismo, sacamos a la luz estas líneas para sacar el debate fraterno y consecuente de sus reductos y llevarlo a la luz pública. Invitamos a todo aquel que tenga respecto al particular algún tipo de consideración que hacer y desee entablar el necesario debate en pos de una clarificación de posturas que nos la haga llegar a nuestro correo: luchaestUS@hotmail.com

El gobierno se ha atrevido. El botón rojo ha sido pulsado y ya no hay marcha atrás. El Consejo de Ministros reunido en gabinete de crisis ha proclamado “estado de crisis” a tenor de la huelga salvaje de los controladores aéreos que ha bloqueado totalmente el espacio aéreo y ha dejado a miles de personas tiradas en los aeropuertos. Con el nuevo Decreto Ley aparecido en el BOE, a partir de este momento los controladores están llamados a regresar a sus puestos de trabajo de manera obligatoria o, de incumplir esta llamada por la fuerza, quedarán a disposición del código penal militar. De momento, para todos aquellos que decidan reincorporarse, quedarán bajo tutela militar; pues el Ejército controla el espacio aéreo mientras dura el “estado de alarma”.

Aparte, la Comunidad de Madrid ha iniciado unas investigaciones por la vía civil por si los controladores (de Barajas, en este caso) habrían incurrido en un delito de “sedición”. Tal y como ocurriera en los dos días de huelga sin servicios mínimos en el Metro de Madrid, no se ha tardado un segundo en ir a la caza y captura de los trabajadores por no haber respetado los “derechos constitucionales” de la ciudadanía. Impresiona que, por primera vez en la democracia, se haya declarado el “estado de alarma”; pero lo que resulta realmente sorprendente es que se justifique éste por no haberse dado aviso de la convocatoria de huelga. Esto es, los trabajadores son unos libérrimos privilegiados por…¡luchar activamente sin contar con los sindicatos! He aquí los límites del derecho de huelga reconocido en la constitución española (curiosamente, conmemorada en estas fechas): se puede hacer huelga siempre que los sindicatos así lo determinen. Esa es la esencia del orden constitucional al que ahora muchos apelan para justificar el combate de los trabajadores y atacar al gobierno. Falsarios ellos, arrojan al ejecutivo las excreciones de su propia impotencia al descubrirse incapaces de comprender cómo un gobierno de “izquierdas” viola tan flagrantemente la legalidad constitucional.

Obligar bajo imputación de pena militar a un trabajador a regresar a su puesto de trabajo es un proceder fascista que la democracia española ampara perfectamente, como lo hizo y hace la americana cuando Ronald Reagan se vio obligado a intervenir del mismo modo en un conflicto obrero. La represión por la fuerza de las revueltas del proletariado siempre ha estado a la orden del día, tanto en los regímenes fascistas, totalitarios, pretendidos “socialistas” y también en democracia. Los ejemplos son miles, así que tampoco es necesario profundizar a ese respecto. Sólo queremos evidenciar que existe un hilo de continuidad entre todas estas formas de gobierno antes mencionadas, que temen como a la muerte la sublevación y subversión obrera y ponen todo de su parte (también el ejército) para impedirla y, de no poder hacerlo, aplastarla. Si algo une al fascismo con el “socialismo” y con la democracia, lo que les permite hacer componendas entre ellos tranquilamente sin que nada interfiera es, justamente, su carácter de clase.

El Estado moderno es producto de la sociedad de clases y representante de la dominación de la burguesía frente al proletariado. Monopoliza el ejercicio de la violencia, monopoliza la represión. El dominio de la burguesía en tanto que clase dominante puede adoptar diversas formas, entre ellas, la “democrática”; aunque vale decir que los límites de ésta respecto del fascismo están poco delimitados y que, como apuntaba Amadeo Bordiga, tras la Segunda Guerra Mundial fascismo y democracia se han ido alternando. Son expresiones históricamente determinadas del sistema capitalista que no pueden superarse dialécticamente a sí mismas mientras existan las clases sociales. No pueden suprimirse ni integrarse, se necesitan recíprocamente para espantar al proletariado y llevarlo de vuelta al redil de los conflictos interclasistas en los que se le quiere involucrar todos los días para operar la mayor de las dominaciones: la dominación ideológica.

La única fuerza del proletariado reside en su solidaridad en tanto clase. Si los medios de comunicación han orquestado la más rancia de las campañas de criminalización de los controladores aéreos es, justamente, porque el capital conoce de esta máxima y pretende evitar su efectivización práctica. Vejando, insultando, humillando; así trabajan los “guardianes de la libertad” cuando la libertad de enajenación de la plusvalía se ve amenazada. Otro tanto hicieron con los trabajadores de Metro de Madrid hace unos meses cuando paralizaron el servicio de Metro. Ni un sólo trabajador de Metro salió en los informativos a contar su parte de la verdad (la verdad de la clase). Ni un sólo controlador que pueda convertir a ojos de otros trabajadores su protesta en legítima. Los medios callan y ocultan, como en los regímenes totalitarios y fascistas.

Los sindicatos, los otros “guardianes” de la libertad en la que operan dividiendo al proletariado, sometiéndolo, subyugándolos y nutriéndose de la propia fragmentación que ellos imponen; no han tardado en poner distancias con los acontecimientos y quitarse de encima la responsabilidad. Comisiones Obreras salió a la palestra a denunciar a los trabajadores y su comportamiento intolerable. La Unión Sindical de Controladores Aéreos ha insistido en la espontaneidad del movimiento, procurando entrometerse lo menos posible en una huelga salvaje que ni controlan ni pretenden porque echarán el resto por ahogarla en sangre si es preciso. Como en el fascismo, los sindicatos focalizan su acción en favor del patrón frente al proletariado adelantando la excusa del “orden y la paz social”. No es que los sindicatos mayoritarios sean fascistas, ni que la ideología sindical lo sea. Muy al contrario. Al igual que el fascismo o la democracia, los sindicatos y el sindicalismo son herramientas de la burguesía contra el proletariado. En su tiempo fueron una forma degenerada de combate en favor de las reformas durante el periodo de expansión capitalista, ahora ya han declarado su guerra abierta al proletariado. Todos, sin excepción. El sindicalismo es contrarrevolucionario. En especial, el sindicalismo más radical; que no hace sino de banderín de enganche del proletariado para devolverlo al redil del orden burgués y apagar el fulgor revolucionario que prende en su pecho.

En definitiva, el proletariado debe desconfiar de: sindicatos, medios de comunicación y Estado. Los sindicatos son contrarrevolucionarios, los medios de comunicación están al servicio de la reproducción capitalista y el Estado, en todas sus formas y variantes, también. ¿Qué nos queda, pues? La autonomía en tanto clase. Sería osado hacer una recomendación concreta a los controladores aéreos. No se trata de que prosigan la huelga o la abandonen. Se trata de que puedan tomar una u otra decisión en los únicos y verdaderos organismos de poder obrero: asambleas libres, abiertas y unitarias. La estupefaciente respuesta masiva de los trabajadores hace pensar que un germen de coordinación general ha tenido que existir días antes al viernes 3 de noviembre; y ese es el único camino que se ha de seguir. Respuestas contundentes, radicales y autoorganizadas.

¡VIVA LA LUCHA DE LOS CONTROLADORES AÉREOS!

Creado hace unos meses con ánimo de ser un aporte eminentemente teórico, el blog “Lucha Proletaria” adyacente a este mismo ha estado bastante abandonado desde que colgáramos el primer artículo de la serie Los sindicatos contra el proletariado. Sin embargo, confiamos en ir pudiendo en estos meses colgar en él contenidos de dimensión teórica elaborados desde el CREE como forma de impulsar la necesaria reflexión sobre la historia del combate de nuestra clase contra el capitalismo por más de doscientos años que lleva en liza.

Justo en ese sentido anunciamos que hemos colgado el segundo artículo correspondiente a la serie arriba mencionada y que será publicado (sintetizado, lógicamente) en el número de noviembre de El Estudiante Proletario, aun pendiente de ser definitivamente terminada y dada a la luz.

Ofrecemos el enlace a todo aquel que no conozca nuestro blog para que acceda al nuevo artículo en él colgado o leer los dos publicados: http://luchaproletaria.wordpress.com/acerca-de/

Relativo a los mismos, invitamos a todo aquel que lo desee a hacernos llegar su opinión a nuestro correo: luchaestUS@hotmail.com