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Ayer saltaba de nuevo la noticia: los sindicatos Unión Sindical Obrera, Comisiones Obreras y UGT convocaban 22 días de huelga en los distintos servicios de la empresa aeroportuaria AENA en protesta por la privatización parcial de la misma. Más del 70% de la plantilla de los aeropuertos de toda España está llamada por el Comité de Empresa a secundar las distintas huelgas convocadas, que van desde la Semana Santa hasta el verano, recorriendo los días claves de las distintas idas y venidas de las jornadas vacacionales. Con ello, los sindicatos se las prometen muy felices teniendo que obligar al gobierno a sentarse con ellos a negociar, entre otras cosas, el traspase de plantilla hacia otras empresas públicas sin pérdida de la titularidad gubernamental o autonómica de los trabajadores. Más allá de lo que pueda parecer, quienes no se las prometen nada felices en este conflicto son los trabajadores mismos de AENA, que sentirán en sus propias carnes lo que es tener al enemigo jugando en casa.

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En el horizonte se vislumbra ya el día 30 de marzo. Para el mismo, el Sindicato de Estudiantes ha convocado una jornada de movilización estudiantil en todo el Estado español en protesta contra los recortes que están siendo aplicados en los presupuestos de la educación pública (con la degradación de la calidad de la enseñanza y el deterioro de las condiciones de trabajo de profesores, funcionarios asociados, etc. que ello conlleva). Esta lucha presenta múltiples facetas. En primer lugar, hay que destacar que el gobierno ha reducido la Oferta Pública de Empleo en materia de enseñanza un 30%; es decir, de cada 10 profesores jubilados o retirados de la misma, 3 nuevos profesores reemplazarán su puesto de trabajo. Ello nos lleva directamente a la masificación de las aulas, realidad de la que ningún grado de enseñanza se libra: primaria, secundaria, bachillerato, Formación Profesional y universidad sufren los estragos del estiaje de profesorado y la falta de una ordenación académica que resulte en condiciones de trabajo mínimamente aceptables. El propio Sindicato de Estudiantes informa de que varias Comunidades Autónomas han suspendido las oposiciones para este año, incluyendo Murcia, Canarias o Cantabria.

Por grados de escolaridad, el ataque se ha centrado sobre todo en la enseñanza universitaria y en FP, luego de similares ataques a la enseñanza pública primaria y secundaria en años atrás. En la Universidad, a principios de este curso lectivo encontramos Bolonia ya aplicado a la totalidad del Estado, subidas de las tasas universitarias, cambios en los planes académicos que dinamitaban las antiguas posibilidades (exiguas, no obstante) de tratar de compaginar la vida laboral con la estudiantil; o simplemente de pagar la carrera. En cada Universidad los ataques se concretan a su manera, pero todos forman parte de un mismo plan luego de que el mercado laboral ya no pueda seguir absorbiendo mano de obra cualificada como hasta entonces. Respecto a la FP, lo más destacable es la reducción de plazas de acceso a la Formación Profesional y la imposición de la Selectividad con materia obligatoria de bachillerato a aquellos que desean dar el salto a la Universidad, que, por cierto, es un salto en el vacío dado que el incremento de la demanda de plazas universitarias ha supuesto la reducción de las plazas reservadas a los estudiantes de FP que deseen integrarse a la universidad.

Parecen razones más que suficientes para que la movilización estudiantil tome la calle. El Sindicato de Estudiantes ha convocado recientemente en Catalunya una jornada de protesta bajo los mismos auspicios que moverán la nueva convocatoria del 30 de marzo. 5.000 manifestantes en Barcelona dan testimonio del amplio grado de descontento que en el medio estudiantil existe. También el Sindicato de Estudiantes ha participado en las huelgas que varios centenares de estudiantes de Comunicación Audiovisual y Periodismo han llevado adelante en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Con este recorrido, era esperable que se buscara la generalización de la lucha emprendida contra los recortes en la enseñanza.

Veamos en qué contexto  tendrá lugar esta jornada de movilizaciones en todo el Estado. En primer lugar, podría resultar ciertamente paradójico que, conforme la clase obrera gana la situación en la calle a escala internacional y los jóvenes se suman a las protestas para reivindicar soluciones a su (nuestro) no-futuro, en España los estudiantes sigamos pasivos  y conformes mientras nuestros hermanos de clase en todo el mundo erigen la lucha contra las condiciones de vida miserables a las que nos aherroja el sistema capitalista. Paradojal, sí, pero no contradictorio ni ilógico. En el medio estudiantil vivimos actualmente una situación de reflujo relativo de la combatividad luego del descalabro de las luchas contra Bolonia, que adoleció, entre otras cosas, una visión corporativista en el seno del medio estudiantil por la que el contacto y la búsqueda de confraternización con la clase trabajadora brillaron por su ausencia. Las lecciones aprendidas de Bolonia pueden ser una importante base para dar un nuevo impulso a las luchas que se sucederán, sin duda alguna, a nivel general tras la convocatoria del Sindicato de Estudiantes. De igual manera, en el Estado español los trabajadores no han ganado el centro de la situación. No se trata de una especificidad hispánica por la que “todos se moverían menos los españoles”, achacándolo como se suele hacer a nuestra “cultura” (o incultura), a nuestra vaguedad, a nuestro conformismo, etc. Simplemente, el eco de los combates de clase está llegando a nuestros oídos de manera más filtrada y suave, pero venimos viviendo conflictos obreros de calado que irremediablemente muestran que estamos lejos de la visión “particularista” que a la clase trabajadora española se le quiere atribuir (véase: Metro de Madrid, mineros asturianos, conflicto en UPS Vallecas, funcionarios en Murcia, jornaleros agrarios en Andalucía occidental, toma del Banco de Crédito y autoorganización de los piquetes para el 29-S en Barcelona, etc.). Los estudiantes, por tanto, no sentimos como propias unas luchas que parecen no estar, pero están ahí. De tal suerte, debemos comenzar por apropiarnos del sentido de las luchas de nuestros hermanos obreros como unas luchas que son nuestras igualmente. De no hacerlo, el combate que podamos erigir contra los recortes estudiantiles terminará varado tarde o temprano.

En el marco de un reflujo relativo de la lucha estudiantil, en muchas zonas y universidades la jornada de protesta no alcanzará el eco y la dimensión que debería. La información sobre los recortes y sus consecuencias brilla por su ausencia, especialmente en el medio universitario donde el SE tiene muchísima menos presencia. Ello puede conducir a una visión corporativista de la protesta por la que muchos la dejen pasar por no “ir con ellos”, lógico por otro lado a tenor del comportamiento sectario y corporativo que el SE tuvo durante Bolonia y otras luchas menores que se sucedieron al calor de la misma o después (ejemplo: Art. 27 en Sevilla). Para remediar este mal, se están lanzando asertos a los sindicatos de docentes y personal educativo adjunto para que participen en la movilización: la lucha pasa por un suma y sigue de siglas, esperable por otro lado al estar en presencia de la convocatoria de un sindicato. Así no se erige la unidad de acción que los revolucionarios debemos plantear como fruto de la autoorganización en asambleas autónomas y abiertas en las que tomar decisiones colectivamente sobre la continuidad del combate y desarrollar espacios de debate teórico-político que cimenten nuestros pasos.

Pero ello no nos puede desalentar ni hacernos abandonar y dejar a expensas del SE a los estudiantes. Desde el CREE, consideramos crucial la concurrencia en las diferentes experiencias que se produzcan (reducidas, debido a nuestra escasez de fuerzas, al ámbito universitario); aprovechando especialmente las asambleas que puedan crearse para tratar de plantear la continuidad en la lucha con miras más amplias y radicales, tratando de espolear a los estudiantes para organizar en espacios abiertos un polo de lucha autoorganizado que pueda levantar un combate que trascienda lo que el SE nos tenga preparado a los estudiantes cuando considere oportuno que la movilización debe terminar (en Barcelona, tras la manifestación por las calles de la ciudad condal, el SE llamó a una asamblea para seguir organizando las movilizaciones en su propia sede para cerciorar que ellos dirigen el movimiento y que ellos tienen el mando de la situación).

El espectro del fracaso de Bolonia debe ser fulminado, y ello no se conseguirá salvo en la propia lucha: aprendiendo de nuestros errores (muchos), potenciando nuestros aciertos. Hoy, menos que nunca, no podemos abandonar a nuestros compañeros obreros en su lucha contra el sistema capitalista que ya no puede garantizarnos ni una educación miserable, ni un trabajo en precariedad ni un ocio brutal y cosificante. Espoleados por las perspectivas de nuestro no-futuro, tal y como ha sucedido en Francia, Gran Bretaña, Francia, Túnez o Egipto, los estudiantes debemos volver a la senda de la movilización autoorganizada y la solidaridad proletaria como único recurso posible para levantar una lucha fuerte y prolongada.

Traemos a este espacio un artículo que hemos encontrado en la publicación territorial mexicana de la Corriente Comunista Internacional, Revolución Mundial, en el que se informa sobre el desarrollo de las luchas que empleados del sector público y estudiantes están levantando en Wisconsin contra las medidas anti-sindicales del gobernador republicano (Tea party) Scott Walker, quien pretende llevar adelante un proyecto de supresión de los derechos de negociación colectiva, de negociación de las pensiones y contribuciones al sistema privado de salud (seguros médicos otorgados sectorialmente y que se incluyen dentro de la negociación colectiva) que coloca en primera línea de fuego los históricos privilegios adquiridos por los sindicatos en la negociación de estas materias y como eficaces instrumentos de control social.

La medida se explica en el contexto de insolvencia de los distintos estados federales de los Estados Unidos, necesitados de impulsar medidas drásticas para recortar su deuda fiscal pusto que, a diferencia del gobierno nacional y la Reserva Federal, los estados no cuentan con el privilegio de emitir más dólares, emitir deuda pública a los mercados de capital o refinanciarla. La respuesta se inscribe, a su vez, en el marco histórico actual de desenvolvimiento y evolución de la lucha de clases a escala internacional, alimentada particularmente en Estados Unidos por los ecos de los conflictos de clase que llegan desde el Medio Oriente y por las recientes experiencias de lucha obrera y estudiantil que se dieron cita en Ohio, Nueva York, Indianápolis o California. Ello resulta en una contradictoria paradoja por la que el gobierno de Scott Walker se hace la cama a sí mismo desarticulando el peso crucial de los sindicatos a la hora de encauzar, apaciguar o boicotear las luchas obreras que se están desarrollando y desarrollarán en el país norteamericano conforme la ola de rabia y combatividad obrera siga creciendo día a día. La burguesía necesita y necesitará a los sindicatos para dinamitar la lucha obrera.

En relación al tratamiento del conflicto de los empleados públicos de Wisconsin, los medios masivos y alternativos sin excepción han ofrecido la misma imagen: trabajadores luchando por sus sindicatos, sindicatos luchando por los derechos de los trabajadores. La realidad es justamente la inversa: trabajadores luchando por sus derechos, sindicatos luchando en defensa de su propio papel como gestores de la economía nacional, federal y local. La aparente confluencia de intereses es eso, aparente; y la defensa por parte del Partido Demócrata de las luchas de los empleados públicos de Wisconsin responde al interés que le va en ello al partido y particularmente a Obama cuando los sindicatos fueron importantes contribuyentes económicos a la campaña política que en 2008 llevó al presidente a la Casa Blanca. En medio de la confusión y del caos, los trabajadores intentan zafarse braceando como gato panza arriba para buscar un camino de lucha autónomo al margen de partidos burgueses y sindicatos (elementos de la burguesía y la contrarrevolución). Va por delante nuestro apoyo a los trabajadores estadounidenses en su lucha, que es también nuestra lucha, de la que aprendemos tal y como ellos han aprendido de las luchas que a escala internacional se vienen desarrollando. La debilidad de la clase trabajadora luego de años de sistemática represión e integración por parte del sistema capitalista es un importante hándicap a superar, al igual que la dispersión en nuestras fuerzas. Sin embargo, ello no debe desalentarnos. Los combates masivos de clase están ciertamente cerca conforme evoluciona la correlación de fuerzas entre las clases. En la lucha debemos templar nuestras mejores armas. Los trabajadores norteamericanos han iniciado su camino y nosotros les seguimos al paso.

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El sábado 26 de febrero tuvo lugar una manifestación en las calles de Sevilla promovida por el Partido Comunista de Andalucía (PCA) e Izquierda Unida como forma de repulsa a la política económica y social llevada adelante por el Ejecutivo Zapatero y en petición de un cambio de modelo económico en el que se garantice el empleo, la nacionalización de la banca, contra el acuerdo de la reforma de las pensiones, contra el copago sanitario, en defensa de los salarios y en favor de la autodeterminación de Andalucía. Bajo un sol de justicia, miles de personas se dieron cita para protagonizar un nuevo desfile militar que a nada condujo pero del que importantes lecciones podemos extraer. El Colectivo Revolucionario Espartaquista Estudiantil estuvo presente en la convocatoria movido por esta última voluntad, pretendiendo entrar en contacto con ciertos sectores de la clase trabajadora aunque sin hacer nuestras ningunas de las reivindicaciones que espolearon la protesta.

A las 12 en punto, tal y como se había iniciado, la marcha dio su inicio. De todos los territorios de Andalucía habían llegado autobuses cuyos viajeros concurrieron en el centro de la ciudad hispalense. En lo que llevamos de crisis, el Partido Comunista se había abstenido notablemente de convocar manifestaciones a escala nacional o autonómica, por lo que era previsible que ésta fuera una manifestación multitudinaria. Pero no lo fue. El estiaje importante de personas participando, incluyendo la militancia de IU, las juventudes comunistas y demás, plantea una única lectura: el PCE, antaño abanderado de la lucha obrera, “vanguardia”, ha ido deteriorándose, y con ello, la proyectada sombra en la que recogía varias generaciones de obreros y jóvenes engañados y estafados por la aureola reformista de la que supo dotarse cuando tuvo oportunidad el estalinismo. Este proceso viene dándose desde los años noventa, con el reflujo de la combatividad obrera a escala internacional luego de años de intensas luchas y la caída del Muro de Berlín coreada por la burguesía y, particularmente, el anarquismo como el fracaso del “marxismo” y del “comunismo”. Los viejos partidos con base y presencia obrera han ido perdiendo militancia hasta quedar exiguos, caso de IU y el PCE, incapaces de alimentar en años de contrarrevolución esperanzas e ilusiones que a nada conducían. Actualmente, momento en el que la situación ubica a todas las fuerzas de izquierdas e “izquierdistas” en una posición incómoda en el desfase entre el repunte de la lucha obrera a escala internacional y el sabotaje que estos grupos llevan adelante de las distintas luchas que surgen y proliferan en el terreno fértil de la recuperación por parte del proletariado (siempre difícil aunque constante) de su consciencia de clase, que irá siendo más y más descarado conforme ésta se desenvuelva; el discurso pro-reformas al sistema capitalista tampoco logra calar ya salvo en ciertos sectores de la clase media y la pequeña burguesía, que lo mismo ponen oído a la ultraderecha que a la extrema izquierda del capital. Si organizaciones que antaño contaban con millones de militantes apenas logran reunir unos miles en fechas tan señaladas como el 27 de febrero en Andalucía, debemos concluir que importantes sectores de la clase trabajadora no se alinean a uno u otro bando de la burguesía, buscan su camino autónomo como clase.

Para evitar desafueros en este análisis, hemos de considerar también que la manifestación del 26-F fue un acontecimiento contigente, y que sólo de manera somera pone luz sobre lo que en el seno de la clase trabajadora está acaeciendo. Existe desencanto pero también mucho miedo y confusión. El desencanto con las formas políticas y sindicales tradicionales es un avance importante, pero al estar coaligado hasta cierto punto con el otro aspecto, debemos ser cautos y precavidos. Son pequeños grupos, pequeñas minorías de trabajadores los que buscan y buscan una salida proletaria a la realidad social a la que nos aherroja el capitalismo. Los casos son crasos y perentorios al respecto. Las luchas masivas aún no se han desbocado y la calle no ha sido ganada por los trabajadores. Son las fuerzas “izquierdistas” las que así lo pretenden para extender y hegemonizar la idea de que ellas son portadoras de la salvación de la humanidad en sus propuestas de acción interclasistas, saboteadoras y contrarrevolucionarias. Un buen ejemplo de este caso sería la manifestación del PCA y de IU, quienes ahora se echan las manos a la cabeza porque Zapatero aplica sistemáticamente las medidas de las que el capitalismo necesita actualmente para salvarse del atolladero en el que sus propias contradicciones internas le han metido.

Hay que señalar, no obstante, que la desidia y el desencanto reinaban en el ambiente. Ni el speaker de las UCJE ni los cánticos que aparecían aquí y allá lograban incorporar a un público que estaba frío, casi inerme. No parecía haber mucha convicción entre una gran mayoría de las personas que allí estaban, en general trabajadores de mediana edad, jubilados o pre-jubilados a vueltas más que probablemente de todos los desfiles militares, de todos los discursos, de todos los actos políticos en balde, etc. Antes de empezar, se constataba que aquello no conducía a ningún lugar y sólo las intervenciones siempre prosaicas de Cayo Lara (Coordinador General de la “refundada” IU), Anguita (PCE) y Centella (Secretario General del PCE) al final de la manifestación lograron confundir a los manifestantes y redoblar su compromiso con organizaciones que están a años luz de identificarse con sus reivindicaciones en tanto que clase trabajadora. Esto tiene una doble lectura igualmente: si el desencanto cunde conforme la crisis se recrudezca el ataque ideológico de estas organizaciones y otras como éstas se incrementará igualmente, pero las minorías revolucionarias podremos estar presentes para tratar de liberar a la clase trabajadora del cepo de los burgueses de toda calaña. Por contra, si los trabajadores ahondan en su desencanto y ello no les lleva salvo a la delación, al ostracismo y a la pasividad; tendremos el combate perdido antes de empezar a pugnarlo.

Con ello queremos decir, simplemente, que en un momento en el que la perspectiva de luchas masivas se ha abierto ante nuestros ojos, las minorías revolucionarias comunistas debemos dar un paso al frente y tratar de entroncar con los elementos más avanzados de nuestra clase, luchando sobre terreno contra la burguesía y todas las fuerzas del sistema capitalista (sindicatos, partidos, etc.) aportando en este combate toda la experiencia histórica adquirida por el propio desarrollo de la clase trabajadora como sujeto histórico y nuestro propio bagaje teórico-práctico. El debate, la confrontación abierta y dinámica de ideas, la participación en las luchas obreras, el trabajo en el seno mismo de la clase, etc.; todas esas son las tareas que actualmente los revolucionarios debemos de asumir como propias una vez la declaración de guerra al proletariado y las espadas no tardarán en estar por todo lo alto. De no asumirlas o abandonarlas sin más, estaremos cometiendo una de las grandes traiciones sufridas por nuestra clase y engrosaremos el listado de todas aquellas experiencias históricas en las que la lucha por la emancipación de nuestra clase fueron ahogadas en sangre y de las que tantas lecciones hemos sacado y tenemos todavía que sacar.

A rey muerto, rey puesto. A Grupo de Debate muerto, Grupo de Debate puesto. Crónica de una muerte anunciada, ayer lunes 21 de febrero a las 11:45 horas se puso fin al proyecto de Grupo de Debate que unos estudiantes habíamos impulsado en Sevilla a tenor de una convocatoria de encuentro-debate impulsada por el Colectivo Revolucionario Espartaquista Estudiantil. Con el fin del Grupo de Debate se pone fin al único espacio de encuentro y articulación de fuerzas en el medio estudiantil con una clara voluntad abierta y autoorganizada en el que, a través del debate y la clarificación teórico-política, regíamos las prácticas de intervención en el movimiento proletario revolucionario sacando del reducto facultativo un proyecto que consideramos debe extenderse y reproducirse como genuino medio de autoorganización del proletariado y de práctica revolucionaria.

Esto que acabamos de decir corresponde, sin duda alguna, a la dimensión que el CREE pretendió imprimir desde un principio al Grupo de Debate. Otra cosa muy distinta es que se lograse, puesto que ha tenido que venir la disolución para poner de relieve que existía muchísima confusión sobre qué era realmente y a qué intereses servía el grupo pese a que el partido luchó, por activa y pasiva, de llevar adelante el debate sobre el particular tras haber vivido en la ilusión de que los estudiantes participantes del grupo tenían perfectamente comprendida la función del grupo. Una de las razones que debemos aludir sobre la disolución del mismo reside precisamente en este particular: no se comprendió verdaderamente el propósito revolucionario de esta experiencia autoorganizada. Como punto de partida, está claro que íbamos por mal camino.

Otro problema fundamental es lo que comúnmente podríamos definir como estiaje humano. Desde el segundo encuentro, empezamos a vivir un lento proceso de desapego por el grupo y su práctica de articulación teórico-práctica ciertamente preocupante; que no se explica salvo en razón de lo anterior, por un lado, y por la falta de una implicación y un compromiso con el Grupo de Debate atribuible al peso de la ideología burguesa sobre las consciencias de unos individuos que, a efectos prácticos, querían ver resultados tangibles de una experiencia que no respondía nada más que a un trabajo constante y  una voluntad que no existió (cosas de la verborrea izquierdista); o que, en su defecto, no querían ver en el grupo salvo un espacio donde poder liberar la palabra sin más. Uno y otro planteamiento quedan unidos por la base, por el peso del miedo y la falta de compromiso político al que la dominación burguesa nos aherroja en la lucha que mantiene contra el proletariado y las minorías revolucionarias a nivel político, económico e ideológico.

En nuestro corto caminar, los elementos que hemos participado del Grupo de Debate contamos con una experiencia de Asamblea General Interprofesional (18 de diciembre) fracasada, un proyecto de asamblea ilegal abierta en la Facultad de Comunicación de Sevilla en agua de borrajas, un inicio de contactos con experiencias similares a la nuestra a través de ESPAREVOL que ni siquiera llegó a debatirse, un “anteproyecto” de panfleto proletario internacionalista sobre lo que acaece en Túnez, Libia, Irán, Egipto, etc. nacido muerto; y cientos de cosas más que presentan un panorama desolador de un grupo que, pese a todo, nos ha permitido entrar en contacto, superar la división y la competición, tratar de converger con la clase trabajadora, superar la verborrea revolucionaria y tratar de articular una propuesta autoorganizada y abierta a todos los estudiantes y trabajadores. El proyecto ha calado tan hondo que los ya ex-miembros del mismo (los más avezados con la realidad del grupo) hablan de tratar de impulsar un debate reflexivo en el seno del ya ex-grupo para contrastar impresiones y pulir las deficiencias que permitan volver a retomar la práctica iniciada el 9 de noviembre del año pasado. Desde el CREE, consideramos muy positivo que se busque el debate como forma de hacer converger pareceres y sacar lecciones de la propia experiencia del grupo (justo lo que faltó a lo largo de todos estos meses) pero es del todo precipitado tratar de erigir un nuevo proyecto similar al anterior sin poner distancia con lo acaecido sabiendo extraer las enseñanzas que debemos derivar necesariamente. Fijarse una fecha (ejemplo, con motivo de la huelga convocada por el Sindicato de Estudiantes, 30 de marzo) es caer en los errores de antaño y tratar de echar a correr sin que se haya comenzado por calzarnos las zapatillas.

Continuaremos reflexionando sobre este particular y dando testimonio de cómo evoluciona el debate acerca de la idoneidad de recuperar el proyecto con las mismas personas y bajo el auspicio de los mismos planteamientos. De momento, simplemente reiterar: el Grupo de Debate de Sevilla ha puesto fin a su andadura.

Mubarak ha caído pero la clase trabajadora sigue en liza, sigue reclamando su papel central en las protestas que echaron abajo al dictador y que partieron de sus propias reivindicaciones de unas condiciones laborales más dignas y mayores salarios ante el encarecimiento de los productos de primera necesidad en el mercado. Como es bien sabido, la protesta derivó en un pestiche interclasista a raíz del empleo de las redes sociales entre los jóvenes para organizar su suma a las protestas, teniendo ello, a efectos prácticos, la consecuencia de que las fuerzas opositoras salieron  de su escondrijo para liderar un movimiento que se instrumentalizó para convertirlo en la punta de lanza de la caída de Mubarak y la llegada de un régimen democrático. El proletariado egipcio, a pesar de su amplia experiencia en luchas, terminó claudicando y aceptando de buen grado que figuras como El Baradei o los Hermanos Musulmanes tomaran la dirección del movimiento mientras que de tapadillo se reunían amistosamente con el dictador para llegar a componendas con él. Sin embargo, con el Ejército en el poder luego de la caída de Mubarak, las hueras ilusiones de mejora de las condiciones de vida con la llegada de la democracia han caído, y la clase trabajadora reclama para sí el recrudecimiento y la extensión de la lucha.

La Bolsa de El Cairo llevaba más de tres semanas sin operar, los centros de trabajo estaban vacíos, las fábricas cerradas o trabajando en mínimos, el espacio aéreo bloqueado, el turismo (del que no se ha dejado de insistir por activa y pasiva que da trabajo a un quinto de la población egipcia mientras que se obvia intencionadamente que más del 20% de los trabajadores están desempleados) y, así, hasta donde pueda pensarse. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, los nuevos sheriffs del lugar, lanzaron un llamamiento al conjunto de la clase trabajadora para que abandonara las protestas y las huelgas y retomaran su trabajo consuetudinario. Por supuesto, luego de un par de días en los que la ilusión de renovación y mejora fue deteriorándose cuando los trabajadores volvieron a tomar contacto con la realidad de su explotación y sus miserables condiciones, los obreros volvieron a salir a la calle ante el estupor y la indignación de las capas pequeño burguesas que se habían sumado a la protesta cuando ésta no era más que un pestiche democratoide. Esta vez, ninguna red social ha aireado un llamamiento a sumarse a las protestas, esta vez el proletariado (¡al fin!) está solo. Cientos de miles de trabajadores seguían en huelga e indispuestos a regresar a sus puestos de trabajo, siendo especialmente significativa la cifra de más de 12.000 trabajadores de la fábrica de textil más importante del país, en el Delta del Nilo, de la cual partió precisamente el movimiento que echó abajo a Mubarak. A ellos se suman los trabajadores del servicio sanitario, los funcionarios de educación y otros colectivos.

La lucha amenaza con decaer de no producirse la respuesta solidaria del proletariado de otros países cercanos, en las que también los obreros está en la calle pero esta vez con la aureola democratoide de la protesta aún más remarcada (caso de Libia, Irán o Marruecos). Sólo en la lucha la clase trabajadora puede ir adquiriendo las herramientas que le ayuden a comprender la realidad de su situación en cuanto clase explotada y las armas que le ayuden a liderar la lucha contra esta misma; una lucha en la que la clase trabajadora del mundo entero está sola, con el único apoyo de sus hermanos de clase de todos los países. Una lucha, además, en la que el proletariado debe actuar contando exclusivamente con sus propias fuerzas si no quiere cometer los mismos errores de antaño, de los que todos debemos de aprender. Una lucha contra el sistema capitalista que, aun no nos lo quieran decir, ya ha comenzado en todo el Magreb.

Estas líneas pretenden abordar desde una perspectiva intransigentemente proletaria e internacionalista los tumultuosos acontecimientos que el proletariado magrebí está protagonizando en Argelia, Túnez y Egipto; y que es producto de un esfuerzo colectivo de toma de posición de esta organización encaminado a establecer los planteamientos centrales propios ante el encuentro-debate y posterior toma de posición que iba a tener lugar en el día de hoy (14-02-2011) en Sevilla pero que finalmente se ha pospuesto ante la falta de personas. Este tomar partido no estaba concebido, por tanto, a ser elaboración cerrada y categórica, sino un paso más hacia la necesaria clarificación acerca del momento actual de la lucha de clases a escala internacional y, en particular, de los acontecimientos que tan de relieve han puesto, en primer lugar, la vuelta al plano social central del proletariado como ÚNICO sujeto revolucionario y, en segundo lugar, las todavía débiles fuerzas con las que cuentan, adoleciendo, en este caso, de una estrecha mirada nacionalista y democrática fruto de su inexperiencia en el combate y del peso fundamental de la ideología burguesa en las filas obreras; que ha facilitado la instrumentalización de un combate inscrito en la respuesta mundial del proletariado a las míseras condiciones de vida a las que el capitalismo descompuesto nos aherroja. Saludamos con fervor la lucha liderada por nuestros hermanos de clase, no exenta de pasos en falso, fallos y derrotas que no sirven sino para adquirir confianza, fuerza y enseñanzas de las lecciones que el materialismo histórico nos permite extraer y que la clase trabajadora debe desarrollar en su conjunto a través de su lucha, del debate, de la participación de las minorías revolucionarias activas, de la politización constante, etc.

No podemos hablar de un día D hora H porque la lucha de clases es un proceso que opera día a día, imperceptiblemente, de manera soterrada, con avances y retrocesos; que a veces parece esconderse pero que aparece, siempre aparece. Los acontecimientos del Medio Oriente deben ser comprendidos en su justo contexto, ante el avance de la correlación de fuerzas favorable al proletariado conforme toma de nuevo las calles conforme la crisis capitalista ahonda sus consecuencias para nuestra clase a escala internacional en el tercer año de vida. El proceso ascendente de las luchas obreras que venimos observando desde principios del nuevo milenio está acelerando sus procesos de recrudecimiento, fácilmente observable en cómo las situaciones abiertamente contestatarias o pre-revolucionarias lideradas por nuestra clase se suceden en los dos últimos años  menos dispersas cronológicamente hablando y en las que van surgiendo minorías que plantean abiertamente la necesidad de la autoorganización como único medio de lucha obrera: Grecia, Francia, Italia, Holanda, Bélgica, Bolivia, Turquía, China, etc. El caso que nos ocupa de Argelia, Túnez y Egipto se inscribe en este proceso. Hablamos de países donde la tasa de desempleo es superior al 30% de la población activa, países donde el proletariado es el vivo retrato de lo que podría entenderse en muchos casos como lumpenproletariado y condiciones de trabajo casi decimonónicas. El anuncio de una subida de los precios en torno a un 20 y un 80% de su valor en Túnez provocó la ira obrera, que se sumaba a la cólera desatada cuando policías municipales arrebataron a un joven diplomado de 26 años, Mohamed Bouazizi, su único medio de vida: un carrito en el que vendía frutas y verduras y éste, sumido en la más profunda desesperación, no encontró más remedio que suicidarse.

Pan, dignidad, trabajo para los jóvenes y unas condiciones mínimas de trabajo y vida fueron las reivindicaciones centrales de un movimiento masivo de huelgas y protestas cuyo liderazgo residió en la espontaneidad de las masas trabajadoras, no en su arbitrariedad en la actuación, al contrario, sino conforme al constreñimiento en la praxis social  que sus condiciones materiales obligaban. El movimiento de solidaridad, iniciado el mismo 17 de diciembre con la muerte del joven, se extendió como una mancha de aceite y para el 26 todo el país zozobraba ante la furia y la indignación obrera, tanto mayor cuando la burguesía tunecina, organizada en torno a la dictadura caricaturesca de Ben Alí, respondió al movimiento con metralla, represión y muerte.

Hacia el día 4 de enero, los estudiantes entran a participar como colectivo organizado en el conflicto. Al margen de que sí se dieron casos de asambleas soberanas en las que se determinó mediante un debate abierto los pasos a seguir en la lucha por parte de los obreros y estudiantes, estos últimos participaron masivamente “gracias” a las redes sociales e Internet. Es fundamental comprender que el uso de las redes sociales e Internet para mover una convocatoria supone borrar las fronteras regionales o nacionales, pero también borra las fronteras de clase y las reivindicaciones estrictamente proletarias. Entender esto es importante porque el uso de Internet, al tiempo que venía a sumar efectivos a la lucha (en su mayoría, jóvenes obreros con un futuro aún menos halagüeño que el presente) y permitía su extensión a la vecina Argelia, supuso igualmente el comienzo de la instrumentalización de la lucha y las primeras reivindicaciones interclasistas. Ya no era obrero, ahora era “popular”. El uso de estas nuevas tecnologías sienta un muy peligroso precedente de darse la generalización de su empleo para según qué fines (pretendidamente revolucionarios) como sí observa de manera peligrosa en el centro capitalista.

En aquellos días, sale Ben Alí anunciando que creará 300.000 puestos de empleo nuevos para el año que viene y criminalizando a los trabajadores como “bandidos” y “terroristas” cuando eran los propios cuerpos represivos del Estado capitalista tunecino los que protagonizaban las algaradas que jalonaban la justificación ideológica y mediática de la represión descargada. La llegada del nuevo año trae el inicio de la no intervención del Ejército en el conflicto pese a que había sido movilizado para proteger los edificios públicos (especialmente de la capital) frente a las masas sublevadas. Los soldados confraternizan en las calles, se quitan sus galones y se suman a las protestas o se interponen entre los manifestantes y la policía para evitar más represión. El gobierno decreta un Toque de Queda desafiado sistemáticamente por los manifestantes día sí y día también y la UGTT (Unión General de los Trabajadores Tunecinos), principal sindicato del país, proclama una huelga general de ¡2 horas! para el día 14 de enero. Ben Alí vuelve a salir a la palestra para llamar a la calma a las fuerzas del orden (que recrudecían la represión en los enfrentamientos en las calles) pero días no puede seguir soportando la presión y sale camino del exilio entre el júbilo y el alborozo general. Poco duraría, no obstante, al conocerse la composición del primer gabinete que conformaba el gobierno provisional que trataría de pacificar el país hasta las próximas elecciones generales. Faltaba el dictador, pero estaban todos los demás. En las calles, se exige un gobierno provisional del que salgan los ministros ligados al régimen y se conforma la famosa “Caravana de la liberación”, que pernocta durante varios días frente al palacio presidencial en señal de protesta. El 27 de enero tiene lugar la salida de los anteriores ministros de Ben Alí del nuevo gobierno. La democracia ha llegado a Túnez, y es por esto que la represión se traslada de la metralla de las calles a los juicios sumarísimos a trabajadores y jóvenes universitarios atrincherados en las universidades. La situación es actualmente muy confusa y las informaciones nos llegan con cuentagotas. Sabemos que se ha producido una retirada masiva de trabajadores a sus puestos de trabajo más que imbuidos por la ideología “democrática” con la que las fuerzas opositoras supieron maniobrar a conciencia al identificar la miseria y la pauperización no ya con el sistema de producción capitalista, sino con el tirano. Muerto el perro NO se acaba la rabia, pero la debilidad del proletariado tunecino, su juventud e inexperiencia; han dado por terminadas provisionalmente las revueltas.

Decíamos antes que la entrada de manifestantes organizados a través de redes sociales a las protestas tunecinas permitió la extensión del movimiento a Argelia. No fue esta extensión artificial, pues en aquel país la clase trabajadora venía cultivando una rabia soterrada que terminó con explotar cuando supo que sus hermanos tunecinos estaban en pie de guerra. El 4 de enero en Qolea una masa de parados y obreros furibundos salen a las calles. Simultáneamente, los estibadores del puerto de la capital entran en huelga salvaje ante su disconformidad con lo pactado por los sindicatos y el gobierno respecto a sus condiciones laborales. La ira se recrudece por los llamamientos del sindicato de estibadores al abandono de la huelga. El día 5, la revuelta azota todo el país con la misma o mayor intensidad con la que a la juventud obrera azota el paro endémico, la penuria y las condiciones misérrimas de hacinamiento. El dictador Buteflika ve cómo en su país se engendra un movimiento obrero de cariz revolucionario, espontáneo, no liderado ni dirigido por ninguna fuerza opositora democrática; y no tiene más remedio que responder con una brutal y criminal represión. Pero ni tan siquiera ésta logra frenar a las masas insurrectas. Es por ello que inicia un repliegue: se desgravará el precio de los productos de primera necesidad que se han encarecido tan notablemente y se procurarán más ayudas al desempleo.

A día de hoy, existe un bloqueo internacional sobre Argelia que nos impide saber nada sobre lo que allí está pasando. Al parecer, tras la manifestación que tomó la capital del país el día 22 de enero, la burguesía volvió a cargar con todo para reventar la protesta y ya sólo pernoctan pequeños focos en lucha, que han sufrido una reanimación importante después de conocerse la salida de Mubarak del poder en Egipto, tercer país afectado más de lleno por las revueltas tras el cual viene toda una riada de países como Arabia Saudí, donde los petrodólares no garantizan el bienestar de la clase trabajadora, Marruecos, Yemen, etc. El movimiento ahora va ganando una dimensión ascendente, se desarrolla, se extiende, se alimenta de sí mismo y sigue su curso. Los proletarios toman las calles, van ganando fuerzas, van apuntalando luchas.

En Egipto, tres semanas después del inicio de las protestas Mubarak cayó cediendo el poder al Ejército, quien ha derogado la constitución y ha puesto camino hacia unas elecciones generales que tendrán lugar en septiembre de este mismo año.

Omar Suleiman, general militar, pasa de la vicepresidencia que adquirió en el fragor del conflicto a ser el nuevo mandamás de Egipto. En este país la situación ha sido bien distinta a la de los dos anteriores. Ciertamente, el movimiento tuvo un mismo punto de partida: reivindicaciones frente a la carestía de la vida y el no-futuro de amplios sectores de la clase obrera y la juventud, con un paro galopante que adolece más del 20% del total de la población egipcia y las condiciones misérrimas de trabajo (especialmente en el sector más “puntero” del país: el turismo). Habiendo el proletariado tunecino hecho saltar el cerrojo, la amplitud del movimiento en Egipto responde al efecto contagio de unas masas capaces de echarse a la calle superando el Estado de sitio que lleva más de veinte años impuesto en el país, tal y como ocurrió en Túnez y Argelia.

Las protestas toman una forma definida en torno al 25 de enero, cuando el movimiento se masifica y adquiere un cariz más “democrático” y “ciudadano”, producto de una convocatoria de protesta movida por las redes sociales de jóvenes que no dudaron en sumarse al movimiento obrero y auparse sobre él para dirigir unas reivindicaciones netamente distintas de las de la clase trabajadora. ¿Supone ello que los jóvenes no debieron participar y los trabajadores deberían haberse cerrado en banda a su influjo? No, pues la confraternización interprofesional e intergeneracional, la solidaridad proletaria internacionalista, es el arma que tiene la clase trabajadora en sus manos para combatir al sistema capitalista. El problema reside, igualmente, en el peso tan grande cobrado por los ideales e ilusiones democráticas y nacionalistas de estos países. Aparte, está la instrumentalización del movimiento de las fuerzas burguesas opositoras a Mubarak, destacando por su papel central a los Hermanos Musulmanes (islamismo radical) y Mohammed El Baradei, quien se presentó en el país nada más iniciarse el conflicto dispuesto a convertirse en cabeza visible y rector del movimiento. Esta actitud (extensible al resto de fuerzas de oposición) es tanto más hipócrita en tanto que en la calle se dice estar con el “pueblo” y, bajo manta o abiertamente, se dialoga confraternizadoramente con  Mubarak. El proletariado egipcio cifró sus esperanzas en unas fuerzas burguesas que han respondido con traición como, luego de celebrarse las elecciones y formarse un nuevo gobierno, responderán con muerte, represión, miseria, paro, precariedad, etc. Serán el mismo perro burgués con un collar democrático, que a su vez será la soga en la que se intentará ahorcar al movimiento obrero (egipcio e internacional).