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El sábado 26 de febrero tuvo lugar una manifestación en las calles de Sevilla promovida por el Partido Comunista de Andalucía (PCA) e Izquierda Unida como forma de repulsa a la política económica y social llevada adelante por el Ejecutivo Zapatero y en petición de un cambio de modelo económico en el que se garantice el empleo, la nacionalización de la banca, contra el acuerdo de la reforma de las pensiones, contra el copago sanitario, en defensa de los salarios y en favor de la autodeterminación de Andalucía. Bajo un sol de justicia, miles de personas se dieron cita para protagonizar un nuevo desfile militar que a nada condujo pero del que importantes lecciones podemos extraer. El Colectivo Revolucionario Espartaquista Estudiantil estuvo presente en la convocatoria movido por esta última voluntad, pretendiendo entrar en contacto con ciertos sectores de la clase trabajadora aunque sin hacer nuestras ningunas de las reivindicaciones que espolearon la protesta.

A las 12 en punto, tal y como se había iniciado, la marcha dio su inicio. De todos los territorios de Andalucía habían llegado autobuses cuyos viajeros concurrieron en el centro de la ciudad hispalense. En lo que llevamos de crisis, el Partido Comunista se había abstenido notablemente de convocar manifestaciones a escala nacional o autonómica, por lo que era previsible que ésta fuera una manifestación multitudinaria. Pero no lo fue. El estiaje importante de personas participando, incluyendo la militancia de IU, las juventudes comunistas y demás, plantea una única lectura: el PCE, antaño abanderado de la lucha obrera, “vanguardia”, ha ido deteriorándose, y con ello, la proyectada sombra en la que recogía varias generaciones de obreros y jóvenes engañados y estafados por la aureola reformista de la que supo dotarse cuando tuvo oportunidad el estalinismo. Este proceso viene dándose desde los años noventa, con el reflujo de la combatividad obrera a escala internacional luego de años de intensas luchas y la caída del Muro de Berlín coreada por la burguesía y, particularmente, el anarquismo como el fracaso del “marxismo” y del “comunismo”. Los viejos partidos con base y presencia obrera han ido perdiendo militancia hasta quedar exiguos, caso de IU y el PCE, incapaces de alimentar en años de contrarrevolución esperanzas e ilusiones que a nada conducían. Actualmente, momento en el que la situación ubica a todas las fuerzas de izquierdas e “izquierdistas” en una posición incómoda en el desfase entre el repunte de la lucha obrera a escala internacional y el sabotaje que estos grupos llevan adelante de las distintas luchas que surgen y proliferan en el terreno fértil de la recuperación por parte del proletariado (siempre difícil aunque constante) de su consciencia de clase, que irá siendo más y más descarado conforme ésta se desenvuelva; el discurso pro-reformas al sistema capitalista tampoco logra calar ya salvo en ciertos sectores de la clase media y la pequeña burguesía, que lo mismo ponen oído a la ultraderecha que a la extrema izquierda del capital. Si organizaciones que antaño contaban con millones de militantes apenas logran reunir unos miles en fechas tan señaladas como el 27 de febrero en Andalucía, debemos concluir que importantes sectores de la clase trabajadora no se alinean a uno u otro bando de la burguesía, buscan su camino autónomo como clase.

Para evitar desafueros en este análisis, hemos de considerar también que la manifestación del 26-F fue un acontecimiento contigente, y que sólo de manera somera pone luz sobre lo que en el seno de la clase trabajadora está acaeciendo. Existe desencanto pero también mucho miedo y confusión. El desencanto con las formas políticas y sindicales tradicionales es un avance importante, pero al estar coaligado hasta cierto punto con el otro aspecto, debemos ser cautos y precavidos. Son pequeños grupos, pequeñas minorías de trabajadores los que buscan y buscan una salida proletaria a la realidad social a la que nos aherroja el capitalismo. Los casos son crasos y perentorios al respecto. Las luchas masivas aún no se han desbocado y la calle no ha sido ganada por los trabajadores. Son las fuerzas “izquierdistas” las que así lo pretenden para extender y hegemonizar la idea de que ellas son portadoras de la salvación de la humanidad en sus propuestas de acción interclasistas, saboteadoras y contrarrevolucionarias. Un buen ejemplo de este caso sería la manifestación del PCA y de IU, quienes ahora se echan las manos a la cabeza porque Zapatero aplica sistemáticamente las medidas de las que el capitalismo necesita actualmente para salvarse del atolladero en el que sus propias contradicciones internas le han metido.

Hay que señalar, no obstante, que la desidia y el desencanto reinaban en el ambiente. Ni el speaker de las UCJE ni los cánticos que aparecían aquí y allá lograban incorporar a un público que estaba frío, casi inerme. No parecía haber mucha convicción entre una gran mayoría de las personas que allí estaban, en general trabajadores de mediana edad, jubilados o pre-jubilados a vueltas más que probablemente de todos los desfiles militares, de todos los discursos, de todos los actos políticos en balde, etc. Antes de empezar, se constataba que aquello no conducía a ningún lugar y sólo las intervenciones siempre prosaicas de Cayo Lara (Coordinador General de la “refundada” IU), Anguita (PCE) y Centella (Secretario General del PCE) al final de la manifestación lograron confundir a los manifestantes y redoblar su compromiso con organizaciones que están a años luz de identificarse con sus reivindicaciones en tanto que clase trabajadora. Esto tiene una doble lectura igualmente: si el desencanto cunde conforme la crisis se recrudezca el ataque ideológico de estas organizaciones y otras como éstas se incrementará igualmente, pero las minorías revolucionarias podremos estar presentes para tratar de liberar a la clase trabajadora del cepo de los burgueses de toda calaña. Por contra, si los trabajadores ahondan en su desencanto y ello no les lleva salvo a la delación, al ostracismo y a la pasividad; tendremos el combate perdido antes de empezar a pugnarlo.

Con ello queremos decir, simplemente, que en un momento en el que la perspectiva de luchas masivas se ha abierto ante nuestros ojos, las minorías revolucionarias comunistas debemos dar un paso al frente y tratar de entroncar con los elementos más avanzados de nuestra clase, luchando sobre terreno contra la burguesía y todas las fuerzas del sistema capitalista (sindicatos, partidos, etc.) aportando en este combate toda la experiencia histórica adquirida por el propio desarrollo de la clase trabajadora como sujeto histórico y nuestro propio bagaje teórico-práctico. El debate, la confrontación abierta y dinámica de ideas, la participación en las luchas obreras, el trabajo en el seno mismo de la clase, etc.; todas esas son las tareas que actualmente los revolucionarios debemos de asumir como propias una vez la declaración de guerra al proletariado y las espadas no tardarán en estar por todo lo alto. De no asumirlas o abandonarlas sin más, estaremos cometiendo una de las grandes traiciones sufridas por nuestra clase y engrosaremos el listado de todas aquellas experiencias históricas en las que la lucha por la emancipación de nuestra clase fueron ahogadas en sangre y de las que tantas lecciones hemos sacado y tenemos todavía que sacar.

Tras la celebración de la Plenaria Confederal ordinaria el 17 de diciembre, el Comité Confederal de la Confederación General del Trabajo (CGT) determinó convocar una Huelga General antes de que fuera aprobada la Reforma de las Pensiones a finales del mes de enero de 2011. Sin concretar fecha, el Secretariado Permanente del Comité Confederal dio a conocer que entraría en contacto con el mayor número posible de organizaciones sindicales y movimientos sociales para impulsar unitariamente esta nueva convocatoria de Huelga General ante las medidas antisociales del Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. Desde el Secretariado Permanente aseguran haber movido la carta de adhesión a la convocatoria, pero a día de hoy no ha existido ningún pronunciamiento salvo el del PCPE, que se suma al esfuerzo del sindicato anarcosindicalista y, simultáneamente, a la convocatoria de Huelga General en Hego Euskal Herria promovida por los sindicatos de corte nacionalista ELA, LAB, Hiru, STEE-EILAS y EHNE, dada a conocer el 23 de este mismo mes.

El ambiente está caldeado y las voces que antaño pedían una nueva huelga se hacen cada vez más fuertes. Incluso Fernández Toxo se atrevió a sugerir que se convocaría una nueva Huelga General si el gobierno no rectificaba en sus políticas. Debemos prever, sin embargo, que a tenor del discurso empleado por los líderes de las centrales sindicales mayoritarias en el Estado español al término de la manifestación en Madrid del día 18 de diciembre, CCOO y UGT no se sumarán a la convocatoria de nueva Huelga General. Fundamentalmente, porque esta nueva huelga, que tendrá lugar el día 27 de enero conforme a lo determinado por las centrales sindicales vascas y el esfuerzo no rupturista de la CGT, estará orientada a la reforma de las pensiones prevista por el gobierno para el 28 de enero se llegue o no a un acuerdo en la Comisión de Pacto de Toledo; y Toxo y Méndez ya declararon que los 67 años de edad de jubilación son la “frontera” entre lo asumible y lo no asumible.

En cualquier caso, la crispación social va en aumento y los sindicatos más pequeños están saliendo raudos a responder. Y esta vez, más decididos que nunca a “preparar bien la convocatoria” para que ésta sea un éxito. Pero la aparente voluntad unitaria que pretende transmitir esta convocatoria es eso, simplemente apariencia. Quien dio el primer aldabonazo fue CGT, que tan siquiera  fue capaz de fijar una fecha de huelga para que ésta fuera decisión de todos los colectivos que se sumaran. Días más tarde, al margen del llamamiento de CGT, los sindicatos vascos anuncian la convocatoria de Huelga General en Hego Euskal Herria, con día y todo. CGT Nafarroa salió al paso y anunció que se sumaría a ELA, LAB, Hiru, STEE-EILAS y EHNE; y el Secretariado Permanente no se pronuncia al respecto de esta más que posible duplicación de convocatorias. No queda más remedio que hacer el juego a los sindicatos vascos y organizarse en torno a su propuesta. La Huelga General, acorde con lo que CGT pretendió desde un primer momento, debía ser producto del trabajo colectivo de las distintas cúpulas sindicales y de los distintos movimientos sociales; un acuerdo de todos, producto de un espíritu unitario. Pero ese mismo espíritu unitario les llevará a sumarse sin más ni más a la huelga del día 27 en Hego Euskal Herria, esto es, con voluntad de no fracturar a la clase trabajadora vasca y del resto del Estado, los sindicatos habrán de sumarse a los sindicatos vascos; que marcharon por su cuenta camino de una nueva Huelga General parcelada en Euskal Herria; tal y como hicieran en verano[1].

Podría argüirse que los “malos” de la película, claro está, son las centrales sindicales mayoritarias vascas. Y sería legítimo pensar así, pues no sólo convocaron el 8 de junio por su cuenta una Huelga General en Euskal Herria, sino que, una vez convocada, se desentendieron de la Huelga General de todo el Estado español del 29-S. Su argumento era, poco más o menos, “nosotros ya la hemos hecho, nos lavamos las manos”. Pero la realidad que subyace a estos movimientos de tablero de ajedrez es mucho más profunda. Hay que entender, en primer lugar, que los distintos sindicatos vienen (y valga de nuevo la metáfora) echando una partida de ajedrez desde hace muchos meses, antes incluso del 29-S. Buscan incansablemente ser el eje rector de las protestas, manifestaciones y convocatorias diversas contra el “giro a la derecha” del ejecutivo Zapatero. Cada uno por su cuenta, buscan ser los abanderados de la lucha del proletariado contra el capitalismo neoliberal. Como ocurriera en la Huelga General, en la que hubo una importante pugna entre sindicatos y organizaciones por ver quién había sido la primera que manifestó que hacía falta una huelga general (todas se reconocieron victoriosas, sobre todo el PCE), buscan agenciarse de nuevo la mayor red de arrastre posible de trabajadores. Y si ello supone tener que trabajar de manera unitaria, pues se trabaja. No existen sectarismos cuando se trata de aplastar y someter al proletariado. Si hay que hacer huelga “de todos a una”, se hace. Todo sea por seguir perpetuando los sindicatos, el sindicalismo y la ideología sindical; cuyo ideologema central sería la “unidad” que aquí desenmascaramos.

Del trabajo por separado al trabajo pretendidamente unido media todo un periodo de debacle capitalista que ha abierto la perspectiva de luchas masivas del proletariado. En 2008, los trabajadores invadieron la central de la Intersindical griega y declararon Asamblea permanente. En 2010, los sindicatos se hicieron los principales abanderados de las protestas contra el Gobierno Papandreu, con una riada de huelgas generales convocadas a diestro y siniestros y que acabaron en nada. En 2006, multitud de luchas sacudieron Francia, en especial entre los sectores estudiantiles y del proletariado más joven. Las mismas se articularon en torno a las Asambleas Generales que brotaron y se extendieron en todo el país. Recientemente, CGT y el resto de centrales sindicales galas promovieron las famosas “huelgas reconducibles”, dirigidas por “asambleas de trabajadores” en las que los delegados sindicales llegaban, hacían un somero informe, se votaba continuar un par de horas más la huelga y se terminaba la asamblea. En España, los casos de protestas al margen o directamente contra los sindicatos han existido muy residualmente. Pero, de cualquier manera, los sindicatos y las organizaciones “izquierdistas” no pueden, en modo alguno, permitirse que exista el contagio de la voluntad autoorganizativa; pues ése sería el principio de su fin.

Los ejemplos de unidad desde abajo, de proletario a proletario, son temidos como la muerte por todos los sindicatos, también los españoles. La “unidad” pregonada es la unidad de siglas y la suma cuantitativa de militantes, ahí queda todo. La “solidaridad” es la común unión de los sindicatos contra el proletariado. De desarrollarse una nueva Huelga General el 27-E, volverá a ser un fracaso. Puede que haya más gente, más gritos, más consignas, más altercados; en definitiva, más de todo, y se dirá que es un éxito; pero el proletariado se encontrará como antes o peor, una nueva huelga, nuevos desfiles militares, nuevos piquetes sindicales sembrando la división, un nuevo estrépito que no conduce a nada. Pero no está todo perdido. La nueva Huelga General da la oportunidad a las minorías revolucionarias a promover plataformas de autoorganización de los trabajadores, tales como las Asambleas Generales Interprofesionales que aparecieron en Francia en este octubre huelguístico y que todavía se mantienen en liza y con la misma voluntad de que el proletariado tome las luchas en sus propias manos[2]. Su promoción a lo largo y ancho de todo el Estado español, así como su articulación con otras plataformas de autoorganización de otros países y de éste es el camino que debemos tomar todos aquellos que realmente asumimos una posición consecuentemente proletaria.

La denuncia a todos los grupos, colectivos y organizaciones que se suman a la Huelga General con la simple voluntad de “hacer bulto”, con independencia de sus opiniones sobre la convocatoria misma, los convocantes, etc., debe estar acompañada por un trabajo diametralmente opuesto, un trabajo en favor de la autoorganización del proletariado y la recuperación de su consciencia y combatividad como clase. Y en la medida que nos permitan nuestras escuálidas fuerzas, el Colectivo Revolucionario Espartaquista Estudiantil participará de todos los esfuerzos que sigan este camino.


[1] Concretamente, el 8 de junio.

[2] Desde el CREE nos hemos hecho eco del llamamiento lanzado por la Asamblea de Gare de l’Est. https://espartaquismoestudiantil.wordpress.com/2010/12/23/un-ejemplo-a-seguir-llamamiento-internacionalista-desde-la-vecina-francia/

 

No queremos hacer aquí una disertación ensayística sobre el tema en particular, simplemente queremos dar algunos apuntes que consideramos indispensables para comprender la convocatoria de Huelga de Consumo del 21 de diciembre y poder hacer una valoración crítica sobre la misma. A la convocatoria, se sumaron más de 100 organizaciones a lo largo y ancho de todo el Estado español; quienes impulsaron diversas concentraciones, actividades culturales, campañas de información y propaganda y actos por el estilo. Las reivindicaciones que movían a la convocatoria de esta huelga fueron bien aclaradas en la rueda de prensa del 16 de diciembre que Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción y la Confederación General del Trabajo dieron para anunciar la misma. Todas coincidieron en decir que ““las organizaciones que convocamos la Huelga de Consumo queremos reivindicar ese día para hacer una crítica a las medidas que el Gobierno ha tomado y sigue tomando, y para reivindicar una revisión de nuestros valores que nos conduzca a primar la cooperación ante la competencia, la solidaridad ante el individualismo; adaptar las estructuras económicas y productivas a los límites biofísicos del planeta y a las necesidades de las personas; sustentar la producción y el consumo esencialmente a escala local; y redistribuir con criterios ecológicos y de equidad el acceso a recursos naturales y la riqueza.”

Según las organizaciones convocantes dejaron bien claro, el ataque era a los mercados y al gobierno, nunca a los autónomos o pequeñas empresas que malviven en esta economía neoliberal intentando aprovecharse de las migajas que les llegan. Por tanto, lo primero reseñable de esta particular huelga de consumo es que el término “consumo” está asociado directamente a la producción de mercancías por parte del gran capital, por lo que el ataque está dirigido contra el gran capital y no contra el “pequeño”. Dicho en otros términos, no es una huelga contra el capitalismo considerado en su conjunto y totalidad, sino una huelga que hace oponibles al pequeño y el gran capital como si metafísicamente desligados estuvieran. Por este motivo, muchísimos grupos anarquistas, incluyendo confederaciones anarcosindicalistas, vieron con buenos ojos y apoyaron esta huelga; pues arrastran ya desde Proudhon las ideas pequeño burguesas sobre autogestión económica. Pero si el anarquismo casi en su conjunto ha secundado esta huelga es porque las implicaciones de los ideologemas anarquistas van más allá.

Para dar buena cuenta de lo siguiente que queremos exponer sobre la huelga de consumo, es importante recalcar la idea anterior. La Huelga de Consumo del 21-D estaba dirigida contra el consumo de la “ciudadanía” en las grandes superficies comerciales y de los productos de las grandes corporaciones y empresas; pero en modo alguno contra el pequeño capital. Por tanto, no era un combate contra el capitalismo, sino un pseudocombate contra una forma de manifestación de la lógica de producción capitalista fruto de la concentración de capital. Si el capitalismo es el gran capital pero no el pequeño, debemos pensar que la práctica huelguística adolece de una reflexión sobre la verdadera naturaleza del capitalismo, por lo que centra su “combate” contra la forma última que adopta el plusvalor en la reproducción simple (la mercancía) sin profundizar en todo el proceso que opera más allá de las manifestaciones discernibles que del capital nos llegan en tanto que consumidores. Podemos concluir que no se piensa la división social del trabajo que determina la infraestructura productiva capitalista, por lo que la protesta no se mantiene en el estricto margen de la autonomía del proletariado (sujeto social al que le es enajenada la fuerza de trabajo); sino que ésta es espoleada desde el punto de vista del “consumidor” descontento.

Si defendemos la centralidad del proletariado como clase revolucionaria, esto es, si comprendemos que su emancipación de las bases materiales de su alienación (capitalismo) depende de sus únicos esfuerzos, derivamos necesariamente que la Huelga de Consumo no es en modo alguno una herramienta de lucha del proletariado; en tanto que el término consumidor esconde una lógica de connivencia interclasista ajena a los intereses emancipatorios del proletariado y, por ende, contrarrevolucionaria. El proletario protesta en tanto que “ciudadano” y “consumidor”, no en tanto que proletario. Siendo de tal manera, poco daño se le puede causar al sistema capitalista, no ya porque los términos se han invertido y se ataque justamente donde menos daño se puede hacer, al consumo en vez de a las mismas bases productivas, sino también porque el proletariado no mantiene en este pugna contra el capital su autonomía en tanto clase.

Podríamos terminar aquí afirmando que nada hay que ganar con una huelga de consumo. Pero quisiéramos llevar el argumento un poco más allá a tenor de lo expuesto arriba. A pesar de los denodados esfuerzos de muchas organizaciones convocantes por establecer una cesura entre la Huelga General del 29-S y la Huelga de Consumo del 21-D, no es difícil concluir que ambas se encuentran en cuanto que ninguna pretende superar la actual dispersión y división de la clase trabajadora, al contrario, la alimentan en base a una adición puramente individual y cuantitativista a la convocatoria. Esto lo vimos en la HG del 29-S, que se movió en los términos de una protesta “ciudadana” a la que cada cual debía adherirse a título individual. Esto mismo se vuelve a repertir en la HC del 21-D, en la cada consumidor, aisladamente y a título individual, combate el capitalismo desde el sofá de su hogar no yendo a los grandes almacenes ni cadenas empresariales; como mucho, a la tienda de la esquina. Ni en un caso ni en otro la clase trabajadora tiene nada que ganar.

Fracaso

Publicado: diciembre 19, 2010 en Noticias obreras, Programática

No hay otro nombre que se le pueda dar a lo acontecido ayer. Fracaso. La convocatoria de Asamblea General Interprofesional impulsada por el Grupo de Debate a instancias del Colectivo Revolucionario Espartaquista Estudiantil se diluyó con la lluvia caída sobre Sevilla antes, durante y después de la manifestación convocada por Comisiones Obreras y UGT contra el recorte de derechos sociales que pretende imprimir el ejecutivo de Zapatero. Sin embargo, sería zafio, ruin, mezquino, oportunista y absolutamente falso culpar a la lluvia de un fiasco tal. Mentira es que no existió la oportunidad de convocar Asamblea. Lo que no existió fue un verdadero compromiso de los presentes en la manifestación del Grupo de Debate de acatar lo que fue aprobado en su consabido momento, faltó una verdadera voluntad de lucha y trabajo en el seno del movimiento obrero, faltó arrojo y decisión; y sobraron excusas y argumentos vacuos para justificar lo que es poco menos que una traición al movimiento obrero.

A las diez y media de la mañana, nos habíamos dado cita los integrantes del Grupo de Debate en un punto céntrico de la capital hispalense, allí donde creíamos que se iniciaría la manifestación. Participamos cuatro personas de las diez que, al menos en apariencia, formamos parte de la susodicha organización. No eran muchas, cierto es, pero el CREE podía darse por satisfecho si, con la que estaba cayendo, cuatro compañeros habían tenido la osadía de aparecer y de tratar de impulsar la Asamblea General Interprofesional. Con tantas piedras en nuestro camino, aquello parecía una victoria.

Habiendo calentado el cuerpo con un café y un debate sobre los controladores aéreos (motivo del próximo debate convocado), salíamos dispuestos a tomar el encapotado cielo de Sevilla por asalto. Pero antes de poner un pie en la puerta, dos trabajadores nos informan de que la manifestación ha sido cancelada; y en la puerta, un compañero trabajador y militante del PCE nos informa de lo contrario, la manifestación continuaba porque los líderes locales de CCOO y UGT habían pasado dirección al Ayuntamiento, donde se daría el pistoletazo de salida a una marcha pasada por agua. Nosotros, con la masa de paraguas que nos precedía, fuimos hasta el punto de partida, escépticos pensando que aquello no sería más que un mitin y luego, cada uno a su casa. No fue así, no obstante las inclemencias meteorológicas. En torno a seiscientas personas se dieron cita en la manifestación.

Aquí comenzaba nuestro trabajo: habíamos de anunciar la Asamblea. Más mal que bien, logramos repartir unos doscientos panfletos y entablamos algunas conversaciones con trabajadores que, dicho sea de paso, estaban ya cansados de teatrillos como aquel y de huelgas para nada. Algunos nos miraban con recelo, otros se interesaban. Al tiempo de iniciarse, la marcha se para, con tal mala suerte de ir a parar el grupo junto a algunos militantes de Izquierda Anticapitalista. Riña entre viejos conocidos, las acusaciones de sectarismo al CREE y, en definitiva, a todo aquello en lo que tiene algún papel, promovidas por uno de esos militantes dieron rienda suelta a la victimización y a la delación entre los que habíamos movido la convocatoria de asamblea. A ello se suma el hecho de que, a mitad de recorrido, la cabecera de UGT y CCOO recoja el chiringuito, eche la pancarta a la camioneta y se vaya sin dejar rastro. Aquello, más propio de Valle-Inclán, era lo que había detenido la manifestación momentáneamente. Entonces es cuando, entre convocar y no convocar la asamblea, se dio paso a la tercera opción: esperar acontecimientos.

La manifestación, aun la cabecera la hubiese dado por terminada y gran parte de los trabajadores militantes de UGT y CCOO optaran por hacer como sus sindicatos y abandonar la marcha, siguió adelante hasta San Telmo. Al primer elemento de “selección natural”, la lluvia, se le sumó el segundo, la desconvocatoria. Quedábamos la mitad, alimentada por trabajadores de las centrales sindicales mayoritarias no dispuestos a seguir con la pantomima; y esa mitad iba precedida de la nueva cabecera: la policía, quien se mostraba conforme con el cariz que tomaban los acontecimientos porque la manifestación, más que amenazante, era ridícula. Entre tanto, habíamos aprovechado para hacer una votación: 2 votos en contra, uno a favor y una abstención respecto a continuar con la convocatoria de Asamblea. El CREE quedaba en minoría y una persona sola no podía impulsar una asamblea, saltándose incluso lo que acababa de ser decidido legítimamente.

Cuando el momento de los cánticos, los discursos obtusos y las consignas torpes y manidas tocó a su fin; ya estaba bien decidido que el tren sería dejado pasar. Estábamos en esos momentos de impasse al final de una manifestación, en los que impera la sensación agridulce de haber participado en otro desfile militar que a nada conducía. Esta vez, sin embargo, había expectación. Sea como fuere, nuestra convocatoria había llegado; pero perdidos en debates hueros que sólo conducían a autojustificar una postura diletante la oportunidad de enarbolar la bandera de la autoorganización como única forma de tomar las luchas en nuestras propias manos y llevarlas adelante. Un trabajador de CGT incluso vino a hablar con nosotros para preguntarnos dónde había quedado la convocatoria de asamblea, que había existido receptividad y que la gente estaba interesada. Aquello confirmó lo que el CREE ya sabía: la Asamblea General Interprofesional podría haber sido un verdadero éxito. Éxito en tanto que habría logrado, en primer lugar, liberar la voz de los trabajadores. Éxito en tanto que habríamos logrado, con unos cuantos panfletos y un compromiso verdadero de acción, superar la división sindical de la que fuimos testigos de excepción en las conversaciones con los trabajadores durante la manifestación. Éxito en tanto que la propuesta de articulación teórico-práctica de la que, aparentemente, partía el Grupo de Debate lograría salir del reducto de la Facultad de Comunicación y engarzarse en la actual crispación de la clase trabajadora y del nuevo movimiento expansivo de la lucha del proletariado a escala internacional. Podría haber sido un éxito, pero fracasó. Y del fracaso debemos de sacar lecciones.

Lecciones a sacar por el CREE del fracaso

  • En primer lugar, hemos de reconocer que fuimos tremendamente optimistas. Si pretendíamos sacar el Grupo de Debate abierto a la calle, a la realidad de la lucha del proletariado, no era sino porque considerábamos, en primer lugar, que la implicación de los que forman el proyecto era total. Esto es, creíamos fehacientemente que el impulsar una Asamblea General Interprofesional desde el Grupo de Trabajo no sólo era necesario y casi inevitable a tenor de las enseñanzas extraídas por el CREE de las huelgas de Francia e Inglaterra. También pensábamos que era deseado por el propio grupo. Salir de la Facultad, entrar en contacto con los trabajadores, debatir abiertamente y sin tapujos,…todo ello lo dimos por descontado y, realmente, existía una gravísima carencia.
  • La falta de implicación, aparte de ser expresión de las dificultades a las que el capitalismo y todos sus lacayos nos aherrojan para organizarnos autónomamente y superar la atomización de la clase de manera prolongada en el tiempo, es igualmente fruto de una incomprensión del verdadero valor del Grupo de Debate. Se habló incluso de refundar el grupo, porque pretender ligar a través de él la teoría y la práctica revolucionarias era poco menos que una utopía. Los miembros, en su mayor parte, pensaban que el grupo era algo así como un espacio donde ir, dar una opinión y marcharte. Falso de plano. El Grupo de Debate es, igualmente, una asamblea abierta a todos los estudiantes y trabajadores que deseen participar de una actividad autoorganizada de índole sociopolítica, en la que existe un compromiso político ineludible desde el momento mismo en el que se está presente. Si no existe este compromiso, el grupo como tal carece de función alguna.
  • Estos dos elementos, unidos a la falta de clarificación teórica son los que explican el fracaso. Si la presión de la ideología burguesa no puede ser combatida porque no se tienen los fundamentos teóricos necesarios para darle respuesta, el concepto de autoorganización seguirá siendo un concepto vacío y sin contenido de clase. Si no se sabe el porqué buscamos la autoorganización del proletariado, jamás lograremos ser consecuentes con ésta ni con la propia voluntad que mueve al Grupo de Debate.

Dicho esto, no queda más que resignarnos por una oportunidad perdida. Pero resignación no quiere decir postración. Aprendemos de nuestros errores tanto o más que de nuestros aciertos, y este caso es sintomático. Habiendo extraído algunas lecciones de lo acaecido el sábado 18 de diciembre, podremos reorientar nuestra participación en el Grupo de Debate para lograr que, llegado el caso, no exista otro fracaso; y que, si existiese, pudiéramos sacar lecciones esenciales del mismo. La clase trabajadora, que despierta de su letargo, confusa y aturdida, es carne de cañón para la izquierda y los izquierdistas. En su lucha terminará descubriendo que su bandera es otra muy distinta a la que estos enarbolan, y en esa lucha tenemos que estar nosotros, ayudando a la emergencia de un verdadero movimiento obrero autónomo y autoorganizado que pueda tomar el combate contra el sistema capitalista decadente en sus propias manos.

Antes de terminar, sin embargo, nos gustaría agradecer a Corriente Comunista Internacional por el apoyo prestado, no ya al CREE sino al Grupo de Debate en general en esta convocatoria y por su celeridad en la difusión de nuestra convocatoria.

El gobierno se ha atrevido. El botón rojo ha sido pulsado y ya no hay marcha atrás. El Consejo de Ministros reunido en gabinete de crisis ha proclamado “estado de crisis” a tenor de la huelga salvaje de los controladores aéreos que ha bloqueado totalmente el espacio aéreo y ha dejado a miles de personas tiradas en los aeropuertos. Con el nuevo Decreto Ley aparecido en el BOE, a partir de este momento los controladores están llamados a regresar a sus puestos de trabajo de manera obligatoria o, de incumplir esta llamada por la fuerza, quedarán a disposición del código penal militar. De momento, para todos aquellos que decidan reincorporarse, quedarán bajo tutela militar; pues el Ejército controla el espacio aéreo mientras dura el “estado de alarma”.

Aparte, la Comunidad de Madrid ha iniciado unas investigaciones por la vía civil por si los controladores (de Barajas, en este caso) habrían incurrido en un delito de “sedición”. Tal y como ocurriera en los dos días de huelga sin servicios mínimos en el Metro de Madrid, no se ha tardado un segundo en ir a la caza y captura de los trabajadores por no haber respetado los “derechos constitucionales” de la ciudadanía. Impresiona que, por primera vez en la democracia, se haya declarado el “estado de alarma”; pero lo que resulta realmente sorprendente es que se justifique éste por no haberse dado aviso de la convocatoria de huelga. Esto es, los trabajadores son unos libérrimos privilegiados por…¡luchar activamente sin contar con los sindicatos! He aquí los límites del derecho de huelga reconocido en la constitución española (curiosamente, conmemorada en estas fechas): se puede hacer huelga siempre que los sindicatos así lo determinen. Esa es la esencia del orden constitucional al que ahora muchos apelan para justificar el combate de los trabajadores y atacar al gobierno. Falsarios ellos, arrojan al ejecutivo las excreciones de su propia impotencia al descubrirse incapaces de comprender cómo un gobierno de “izquierdas” viola tan flagrantemente la legalidad constitucional.

Obligar bajo imputación de pena militar a un trabajador a regresar a su puesto de trabajo es un proceder fascista que la democracia española ampara perfectamente, como lo hizo y hace la americana cuando Ronald Reagan se vio obligado a intervenir del mismo modo en un conflicto obrero. La represión por la fuerza de las revueltas del proletariado siempre ha estado a la orden del día, tanto en los regímenes fascistas, totalitarios, pretendidos “socialistas” y también en democracia. Los ejemplos son miles, así que tampoco es necesario profundizar a ese respecto. Sólo queremos evidenciar que existe un hilo de continuidad entre todas estas formas de gobierno antes mencionadas, que temen como a la muerte la sublevación y subversión obrera y ponen todo de su parte (también el ejército) para impedirla y, de no poder hacerlo, aplastarla. Si algo une al fascismo con el “socialismo” y con la democracia, lo que les permite hacer componendas entre ellos tranquilamente sin que nada interfiera es, justamente, su carácter de clase.

El Estado moderno es producto de la sociedad de clases y representante de la dominación de la burguesía frente al proletariado. Monopoliza el ejercicio de la violencia, monopoliza la represión. El dominio de la burguesía en tanto que clase dominante puede adoptar diversas formas, entre ellas, la “democrática”; aunque vale decir que los límites de ésta respecto del fascismo están poco delimitados y que, como apuntaba Amadeo Bordiga, tras la Segunda Guerra Mundial fascismo y democracia se han ido alternando. Son expresiones históricamente determinadas del sistema capitalista que no pueden superarse dialécticamente a sí mismas mientras existan las clases sociales. No pueden suprimirse ni integrarse, se necesitan recíprocamente para espantar al proletariado y llevarlo de vuelta al redil de los conflictos interclasistas en los que se le quiere involucrar todos los días para operar la mayor de las dominaciones: la dominación ideológica.

La única fuerza del proletariado reside en su solidaridad en tanto clase. Si los medios de comunicación han orquestado la más rancia de las campañas de criminalización de los controladores aéreos es, justamente, porque el capital conoce de esta máxima y pretende evitar su efectivización práctica. Vejando, insultando, humillando; así trabajan los “guardianes de la libertad” cuando la libertad de enajenación de la plusvalía se ve amenazada. Otro tanto hicieron con los trabajadores de Metro de Madrid hace unos meses cuando paralizaron el servicio de Metro. Ni un sólo trabajador de Metro salió en los informativos a contar su parte de la verdad (la verdad de la clase). Ni un sólo controlador que pueda convertir a ojos de otros trabajadores su protesta en legítima. Los medios callan y ocultan, como en los regímenes totalitarios y fascistas.

Los sindicatos, los otros “guardianes” de la libertad en la que operan dividiendo al proletariado, sometiéndolo, subyugándolos y nutriéndose de la propia fragmentación que ellos imponen; no han tardado en poner distancias con los acontecimientos y quitarse de encima la responsabilidad. Comisiones Obreras salió a la palestra a denunciar a los trabajadores y su comportamiento intolerable. La Unión Sindical de Controladores Aéreos ha insistido en la espontaneidad del movimiento, procurando entrometerse lo menos posible en una huelga salvaje que ni controlan ni pretenden porque echarán el resto por ahogarla en sangre si es preciso. Como en el fascismo, los sindicatos focalizan su acción en favor del patrón frente al proletariado adelantando la excusa del “orden y la paz social”. No es que los sindicatos mayoritarios sean fascistas, ni que la ideología sindical lo sea. Muy al contrario. Al igual que el fascismo o la democracia, los sindicatos y el sindicalismo son herramientas de la burguesía contra el proletariado. En su tiempo fueron una forma degenerada de combate en favor de las reformas durante el periodo de expansión capitalista, ahora ya han declarado su guerra abierta al proletariado. Todos, sin excepción. El sindicalismo es contrarrevolucionario. En especial, el sindicalismo más radical; que no hace sino de banderín de enganche del proletariado para devolverlo al redil del orden burgués y apagar el fulgor revolucionario que prende en su pecho.

En definitiva, el proletariado debe desconfiar de: sindicatos, medios de comunicación y Estado. Los sindicatos son contrarrevolucionarios, los medios de comunicación están al servicio de la reproducción capitalista y el Estado, en todas sus formas y variantes, también. ¿Qué nos queda, pues? La autonomía en tanto clase. Sería osado hacer una recomendación concreta a los controladores aéreos. No se trata de que prosigan la huelga o la abandonen. Se trata de que puedan tomar una u otra decisión en los únicos y verdaderos organismos de poder obrero: asambleas libres, abiertas y unitarias. La estupefaciente respuesta masiva de los trabajadores hace pensar que un germen de coordinación general ha tenido que existir días antes al viernes 3 de noviembre; y ese es el único camino que se ha de seguir. Respuestas contundentes, radicales y autoorganizadas.

¡VIVA LA LUCHA DE LOS CONTROLADORES AÉREOS!

En búsqueda de la necesaria maduración sobre los acontecimientos acaecidos durante la Huelga General del 29-S, el CREE da a conocer algunos postulados que sientan las bases para el indefectible debate sobre el momento del combate obrero tras la convocatoria de Huelga por parte de los sindicatos mayoritarios y el secundado de la misma por parte de los “izquierdistas”. Las ideas aquí expuestas no son, por tanto, nada más que un primer paso y fruto de una reflexión que nace cuando aún dura la resaca de la Huelga General. Invitamos a todo aquel que lo desee, por tanto, a plantear sus críticas, disensiones, consideraciones, opiniones, etc. sobre las mismas:

– La Huelga General ha sido un éxito mediático y mediatizado. Mediático porque los sindicatos han demostrado ser capaces de mover a amplias capas de trabajadores hacia los piquetes y las manifestaciones a pesar de los malos augurios. Ha sido una victoria cuantitativista, al más puro estilo sindical, basada en estadísticas: tantos piquetes, tanto por ciento de trabajadores sin ir a trabajar, tantos manifestantes; etc. Ha sido un éxito mediatizado porque los sindicatos, siendo incapaces como son de plantear una respuesta contundente y decisiva a un gobierno que no quieren desalojar del Congreso ni de Moncloa, han tomado sobre sí toda la responsabilidad de un triunfo que no es tal; en una convocatoria que ha puesto a miles de trabajadores en la calle para absolutamente nada. Para colmo, no sólo era eso lo que se buscaba sino que muchos lo han aceptado de buen grado: salir a la calle para hacer fiesta y no lucha.

– Eso nos lleva a: hemos subestimado la orquestación ideologizante de los sindicatos y partidos relativa a la Huelga General. Creíamos que no sería así, pero los trabajadores (las capas más elevadas, todo sea dicho) han asumido como propia una convocatoria de la que no conocían más que por carteles y noticias de la prensa burguesa. Esto evoca la idea de que: la polarización social que ha devenido del enfrentamiento entre dos sectores de la burguesía española y dos estructuras estatales; Gobierno y sindicatos, ha arrastrado a muchos, muchos obreros. Las pugnas de las estructuras estatales y las fracciones burguesas no han sido respondidas con la autonomía del combate obrero; sino con delación y seguidismo. En este caso, llevabamos razón respecto a la CCI, que veía en la Huelga la hermandad sindicatos-gobierno.

– Condena de la actuación de la policía y defensa de la resistencia violenta, pero nunca haciendo apología de la misma. Discernimiento claro de que la violencia pertrechada en muchos puntos contra los esbirros del capital era simplemente defensiva y no se puede hacer apología de la misma, fundamentalmente, porque viene a dar una nueva confirmación de nuestras pesquisas sobre la debilidad del movimiento obrero actualmente. El momento en el que la combatividad obrera deje de estar tan focalizada como en el momento actual y pasemos a un proceso de abierta conflagración clasista, entonces y sólo entonces, la violencia defensiva dejará de ser producto del instinto de supervivencia y se articulará dialécticamente con la violencia ofensiva para llevar hacia delante la lucha por la destrucción del capitalismo y la subversión del orden social burgués.

A diferencia de gran parte de la “izquierda” (así se autoproclama) del momento actual, el Colectivo Revolucionario Espartaquista Estudiantil no bebe los vientos por Hugo Chávez y sus particulares formas de entrar en el “socialismo del Siglo XXI”. Por eso, a diferencia del resto de blogs y páginas en las que se tome una postura a lo largo del día sobre la victoria del Partido Socialista Unificado de Venezuela, nosotros no vamos a considerar la jornada electoral vivida este domingo como un “éxito”.

Muchas son las razones que nos mueven a ello. En primer lugar, porque el haber logrado mayoría en la Asamblea Nacional, representa un paso adelante más en la construcción de la jaula en la que el chavismo está encerrando al movimiento obrero en Venezuela. Aunque el proyecto del PSUV haya encontrado en los últimos años problemas que no ha sabido enfrentar (fundamentalmente, los importunios de una crisis capitalista que el gobierno “socialista” y “revolucionario” ha sufrido como el que más, integrado como se encuentra en las estructuras de comercio internacionales. Igualmente, vale destacar que se ha producido en Venezuela un repunte de la combatividad obrera que el chavismo ha asimilado inmediatamente a los delirios “trotskistas” o perpetuados por elementos “contrarrevolucionarios”), sale de estos comicios reforzado en su búsqueda de la instauración de un capitalismo de Estado férreo que nos pueda hacer pasar por socialismo. Y aquí aparece reflejada una de las principales particularidades del movimiento pequeño-burgués del que Hugo Chávez se ha hecho principal referente en toda América Latina: la burguesía autóctona de países históricamente colonizados nació y se integró tardíamente en el sistema capitalista mundial. No quieren ser agentes del capital extranjero, aunque lo sean. Su objetivo es su emancipación respecto al capital extranjero y el propio desarrollo del capital endógeno; lo cual, al haber “llegado tarde” implica llevar a la práctica un programa con aires socialistas para arrastrar tras de sí a la masa trabajadora. Una revolución burguesa tardía, como la francesa de 1789 o la alemana de 1848; pero esta vez, con todo el desarrollo histórico precedente, los objetivos emancipatorios de la burguesía nacional necesitan ser revestidos de contenidos nuevos que entronquen con las necesidades e intereses más arraigados en las clases trabajadoras.

Las antiguas revoluciones burguesas, nacionalistas en su práctica totalidad, hace muchos años que dejaron de ser un movimiento progresivo para el desarrollo de las fuerzas productivas. Si anteriormente el proletariado se jugaba algo en las mismas, y su tácito apoyo al campo burgués frente a la monarquía/absolutismo era necesario; ahora nada hay que la burguesía pueda ofrecer al proletariado. Incluso si esta misma se proclama como “socialista”.

Más del 60% de la población venezolana llamada a votar lo ha hecho, cifra hasta ahora desconocida tratándose de la Asamblea Constituyente y no de elecciones a la presidencia del gobierno. La campaña ideológica de polarización social orquestada por las fuerzas burguesas beligerantes ha dado resultados; y a ella han contribuido tanto los pro-chavistas como los anti-chavistas, elementos burgueses de toda laya que pretenden arrastrar tras de sí el movimiento autónomo del proletariado para subyugarlo y asesinarlo. Y todo en nombre de la utopía reaccionaria del “socialismo del siglo XXI”.

El señor Alan Woods, trotskista de tres al cuarto, creerá estar presenciando con esta victoria la profundización de la revolución y la victoria frente a la contrarrevolución. La revolución venezolana lleva en estado de coma algunos años, y Chávez y Woods no se disponen sino a ser los cargadores en su funeral. Pero no hay que desesperar, las irresolubles contradicciones del sistema burgués chavista en Venezuela no tardarán en encontrar la luz del día; y será entonces cuando las taimadas luchas parciales de la clase obrera venezolana, aplastadas por la mano de Chávez, se conviertan en brillantes conflagraciones clasistas que no dejarán piedra sobre piedra del edificio del poder que Chávez ha construido para él y los suyos.